Vampaia Naito
Vampiros y Humanos bajo el mismo techo... Vigilados por dos simples personas,
¿Podran cumplir el proposito de Cross?


relatos escalosfriantes

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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:17 pm

Nueve veces Veronica


Esto es justo lo que nunca debes hacer: ponerte frente al espejo y repetir nueve veces seguidas el nombre de Veronica.
No serias el primero que se rÃie al conocer esta historia, que lleva circulando por el mundo desde hace varias decadas. Muchos antes que tu han pensado que se trataba de un cuento chino y se han burlado, pero otras personas aseguran que quienes no han hecho caso de la advertencia y han aceptado el desafi­o, han cargado con una maldicion terrible.
¿Quien es Veronica? O mejor dicho: ¿quien era? Se trataba de una chica de 14 tacos que, estando en el pueblo con sus amigos, hizo espiritismo en una casa abandonada. Todo el mundo sabe que es algo tremendamente peligroso y que jamas debe tomarse como un juego. Ella no siguio las reglas de los fanatasmas, se burlo durante toda la invocacion y una silla que habia en la habitacion cobro vida y la golpeo mortalmente en la cabeza.
Sin embargo, Veronica aun no descansa en paz. Su espi­ritu esta condenado y vaga buscando venganza entre aquellos que no saben respetar el Mas Alla¡, como le sucedia a ella en la vida real.
Ana era una chica de la edad de Veronica que conocio la leyenda del tarot y brujas en su instituto. Sus amigos la picaron, diciedole que no se atrevi a decir 'Veronica' nueve veces ante el espejo. A ella le daba miedo, pero venciosu terror porque le avergonzaba quedar mal ante todo el mundo. Una companera fue a los servicios de esa planta del instituto para comprobar, entre risas, si cumplia la prueba.
Lo hizo, no paso nada y el grupo lo olvido enseguida. Menos Ana. Para ella la autentica pesadilla comenzo esa misma noche. Estaba en la cama, cuando un sonido la desperto. No se trataba de un estrepito, sino de una especie de susurro indescifrable que oia cerca de la nuca, mientras sentia como si alguien respirara en su cuello. Aterrada, se levanto y encendio la luz. Alli­ solo estaba ella. A pesar de eso, no pudo dormir en toda la noche. Al di­a siguiente, no se atrevio a contarselo a nadie. Estaba muerta de miedo, y en medio de la clase tuvo que salir al servicio para mojarse la cara y despejarse. Pero cuando entro al bano, haci­a mucho fri­o (como estaban en invierno no le dio importancia) y una capa de vaho cubrÃia el espejo. Ana lo limpio con la mano para comprobar horrorizada que tras ella habi­a una chica que no habia visto jamas, con una expresion de espanto y sangre en la cabeza. Fue solo un instante. Cuando se volvio a mirar, ya no habi­a nadie. Ana rio nerviosamente, pensando que todo era fruto de su imaginacion, los nervios y el cansancio. Sin embargo, cuando se volvio hacia el espejo vio algo que la dejo helada. Al borrarse el vaho una frase habi­a permanecido escrita: 'Soy Veronica. No debiste invitarme a volver'.
Ana no pudo soportarlo. Hoy pasa sus dias encerrada en un manicomio, y solo habla para jurar y perjurar que el fantasma de Veronica la sigue atormentando.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:20 pm

Una noche mientras dormía me ocurrió algo increíble. Llevaría un par de horas dormido cuando sentí una carga encima de mí, como si algo me aplastase contra la cama, intenté despertarme pero no podía, cosa extraña ya que tengo el sueño ligero y casi cualquier cosa me despierta fácilmente. Me esforzaba en despertarme pero no lo conseguía, era como si algo controlase esa fase del sueño no dejándome escapar de ella. Seguí sintiendo esa fuerza aplastándome, notaba como el colchón se hundía por el peso extra. Luché por despertarme pero era inútil, en sueños grité de rabia, cada vez con más fuerza. De repente oí mi grito, mis cuerdas vocales lo emitieron, conseguí que ese alarido pasase de la fase inconsciente a la consciente, en ese momento me desperté por el fuerte rugido que produje, de alguna manera traspasé esa barrera que separaba las citadas fases a través del chillido y conseguí acceder a la consciencia que me era privada. Raudo y totalmente despierto me dirigí al interruptor de la luz. Antes de encenderla vi un destello rojo en la oscuridad, también me pareció oír un pequeño murmullo, algo gutural.

Mi corazón latía apresuradamente, ya estaba totalmente consciente, y estaba seguro de no haber soñado ni el destello ni el murmullo. Sentí una presencia en la habitación, y no era mi miedo. Miré a todos lados, no vi nada. Al final desconcertado opté por dormirme de nuevo, yo no creía en lo sobrenatural, así que no le di mayor importancia. Seguí sintiendo la presencia, pero recurrí a mi mente científica decidiendo que alguna explicación lógica tendría todo eso, y la verdad importaba poco cual si asumía que era racional y no espiritual, así que resolví intentar dormir de nuevo. Lo conseguí al cabo de cierto tiempo.

Al poco volví a notar algo extraño, ya no era un peso que me aplastase contra el colchón, ahora era algo que tiraba de mí, sacándome de la cama y hundiéndome en el suelo, en una especie de inframundo siniestro. Pero tenía la sensación de que dejaba mi cuerpo atrás, me despojaban de él y me hundía en algo tenebroso. Otra vez no podía despertarme, veía una cegadora luz roja, y una pequeña sombra oscura que emitía un ruido parecido al de un perro iracundo. Grité de nuevo, di un golpe al aire con el puño hacia delante. Me desperté, no estaba en el suelo, estaba en mi cama, pero la mano me dolía, y no había la posibilidad de haber golpeado la pared ni nada, pegué al aire hacia delante, me desperté justo en ese momento, y el puño estaba en el vacío. Estoy seguro de no haber golpeado nada físico. La mano me dolía cada vez más, durante varios días tuve un pequeño moratón. Mi corazón latía cada vez más fuerte, pero ahora era por la rabia, noté que mis músculos se llenaban de una energía impresionante. Obviamente estaba produciendo una ingente cantidad de adrenalina. Mis ojos se colmaron de sangre, lo se porque me picaban intensamente, mi pecho se agrandó por el aire que cogieron mis pulmones, las venas de mis brazos se ensancharon, sentí que debía atacar aunque no sabía a que. Fue una sensación extraña, algo primitivo, como una presa que se siente acorralada y para defenderse se prepara a asestar un único golpe con toda su fuerza. En ese momento sentí como si pudiera tirar la pared de un solo puñetazo. Entonces la lámpara se movió en el techo, como si hubiera una corriente de aire, pero todo estaba cerrado. Luego un sonido en los libros de mi estantería. Y finalmente el silencio más absoluto. Dejé de sentir la presencia.

Algo vino a por mí una noche mientras dormía, lo se. No se que era, ni cuales eran exactamente sus intenciones. Pero si se una cosa. Volverá.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:20 pm

Si estás leyendo esto significará que ya no existo.

Hoy, día 29 de noviembre de 2009, Domingo, a las 3:00 horas, he decidido por voluntad propia y sin ninguna clase de coacción externa, poner fín a mi vida, y lo hago siendo plenamente consciente de que lo que me espera al otro lado no es sino el vacío más absoluto, la nada, la no existencia.

La sola idea hace que mi pulso se acelere y la sangre se me congele en el pecho. Ni siquiera en estos momentos soy capaz de levantar la mirada ante semejante visión y no estremecerme de terror, pero la idea de permancer un minuto más en este mundo es aún peor. Un mundo salvaje, egoísta y cruel, y lo que es aún peor, hipócrita, un mundo del que reniego y al que no quiero pertenecer. No, ya no.

Fui un iluso durante todos estos años al pensar que exitiría un papel para mi en esta pantomima, en este esperpento ridículo de sociedad, que finalmente encontraría mi lugar en el mundo, que lograría alzarme victorioso y alcanzar la meta para la que nací y para la que he estado preparandome durante toda mi miserable existencia. ¡Mierda!

Abrí mi corazón de par en par, dejé que cogieran todo cuanto quisieran hasta que me dejaron sin nada. He dedicado mi vida por entero a los demás sin preocuparme por mi propia felicidad, he dado todo lo que tenía y más, pero a cambio sólamente he recibido incomprensión, desprecio y la más absoluta y dolorosa ignorancia. El amor y la amistad son dos caminos vedados para mí, y mis ojos se inundan de lágrimas cada vez que pienso que me iré sin haber conocido a una sola persona con la que compartir todo lo que llevo dentro de mí ser. ¡Oh, malditos que me pisoteáis sin piedad!¡ Si pudiérais ver en mi interior!

Ya es demasiado tarde para la autocompasión, no puedo abandonar este mundo con mi corazón cargado de rencor y frustración. Mis últimas palabras han de ser de amor y agradecimiento, agradecimiento a mis padres que me dieron la vida y la esperanza de un mundo mejor y que desgraciadamente ya no están aquí. A ellos debo todo lo que he sido. Amor, a pesar de todo, hacia este mundo que seguirá girando impasible cuando todos hayamos desaparecido y en el que a fín de cuentas no siempre fui desgraciado.

He hecho todo lo que estaba en mi mano pero las cosas no han salido bien, soy débil y no he tenido el coraje necesario para seguir adelante, ya es tarde, las fuerzas me abandonan, la vida se me escapa. Me voy de este mundo y me voy solo.

Adiós.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:22 pm

María duerme. Le ha costado mucho hacerlo, el miedo y el estrés se lo impedían con tesón; tiene verdadero pánico a quedarse dormida. Pero el cansancio finalmente la ha rendido. Padece de insomnio desde hace tiempo, descansa poco, pero llega un momento cada noche en que el agotamiento la vence debido a la falta de sueño y a la angustia acumulada por él durante el día, aunque siempre vuelve a despertarse al poco de cerrar los ojos, con horribles pesadillas, acumulando más fatiga y amargura.

De repente, siente algo ya cotidiano para su desgracia. Su psicólogo le ha dicho que es precisamente debido a ese cansancio acumulado, que se salta algunas fases del sueño y eso la hace soñar y tener esas sensaciones, pero para ella son demasiado reales, y sólo al despertarse encuentra paz, pero para caer de nuevo en la tortura del insomnio.

Su cuerpo se aplasta contra la cama, como si algo la empujase, nota como el colchón se hunde por su peso, como si éste fuera mucho mayor; y como se aprieta su cara contra la almohada. Tiene la necesidad de despertarse, pero necesita dormir, así que intenta obviar lo que sueña como le ha recomendado su psicólogo.

Entonces un destello rojo, acompañado de un murmullo gutural. El terror la inunda, su corazón se acelera, suda. Podría despertase si quisiera porque, aún durmiendo, es consciente de lo que pasa, y se ha despertado muchas veces en otras ocasiones, cuando la sensación de ahogo y el horror quebraban sus nervios. Pero su psicólogo le recomendó que no lo hiciera, sólo son sueños inofensivos y ella debe dormir porque lo necesita como cualquier ser humano. Su semblante se contornea por el espanto pero opta por intentar relajarse, no hacer caso de lo que siente; debe dormir.

Entonces la alucinación cambia. Ahora nota como si una fuerza invisible la arrastrara hacia el suelo; tira de ella arrancándola de la cama. Sabe que no es así, que sigue en su lecho, que sólo es un delirio. El suelo se abre, una intensa luz roja emerge de la grieta y la ciega. Gira la cabeza hacia atrás para proteger sus ojos, esos que tiene cerrados, pero sigue viendo, aún cuando no lo desea. Y entonces, ve su cuerpo en la cama, ve su rostro deformado por el terror. Siente que se hunde, que está abandonando su cuerpo y su alma se desploma en un abismo de un rojo infernal, en una especie de inframundo siniestro.

Lucha por despertarse, pero ahora no puede. Es como si algo se lo impidiese de alguna manera; percibe, nota, que la consciencia está ahí al lado, pero no puede acceder a ella. Llora de impotencia, su corazón late desbocado, su respiración es tan excitada que siente como si sus doloridos pulmones fuesen a estallar. Entonces ve cientos de manos que se acercan a ella. No… es ella la que se acerca a las manos. Oye alaridos iracundos, las manos quieren atraparla, quieren hacerle daño. Finalmente, grita aterrada, su corazón golpea tan fuertemente su pecho que parece capaz de atravesarlo y salir disparado al exterior.

Entonces, lo ve. Las manos no quieren atraparla; las voces gritan, pero no execraciones, sino súplicas. Le están pidiendo ayuda, quieren que ella las libere de su tormento, que las saque de lo que parece el infierno. María alarga su brazo de forma inconsciente para ayudar sin saber como. Roza apenas una de las manos y entonces siente como si hubiera metido la suya en una hoguera, una quemazón horrible la obliga a retirarla. Y ve horrores sin igual, como si con ese leve contacto, toda una vida de vejaciones, dolor y martirios sin precedentes se hubieran transmitido a su mente.

Contempla las caras de los condenados, como lloran y suplican. Una sombra demoníaca y alada se acerca volando a ella. No puede soportarlo más, grita como nunca lo hizo, una mezcla de ira y pánico. Siente como le duele la garganta, como pierde la voz, sus cuerdas vocales a punto de romperse, pero sigue chillando. Observa impotente como la sombra se acerca cada vez más a ella inexorablemente… entonces su visión se distorsiona.

Siente un fuerte envión que la regresa violentamente a su cuerpo; oye su grito y se despierta. Su propio alarido la ha despertado. Abre los ojos, se incorpora sentándose en la cama y mira al suelo. No ve agujero ni luz alguna. Mira su mano, no tiene marcas pero aún le duele la quemazón y recuerda las terribles imágenes que visualizó.

Se levanta llorando, se arranca a tirones la blusa con la que dormía, quedándose totalmente desnuda. Loca de rabia, arroja los jirones lejos de sí y se abraza, compungida, llorando y gimiendo, temblando, y siente que su piel está ardiendo. Instintivamente, corre a la ducha, se quiebra bajo el agua helada, se desmorona y cae llorando de rodillas. Sólo fue una pesadilla, pero era demasiado real, incluso aún le duele la mano. ¿Y si no fue un sueño? Sí que lo fue.

Siente ganas de acabar con su vida, ya no puede más, está harta de vivir, el insomnio convierte su miserable existencia en una tortura continua. Angustia, ansiedad, amargura, odio, ya no sabe lo que siente, es un torbellino de sensaciones nefastas. Piensa que se está volviendo loca. Sale de la ducha, corre desnuda y mojada hacia la mesa donde había cenado, y toma el cuchillo que había utilizado, dispuesta a quitarse la vida. Se dispone a atravesarse el corazón, apoya el frío metal en su piel, y la punta atraviesa apenas la primera capa de la piel dolorosamente. El pinchazo la hace retroceder, pero no queriendo sucumbir ante la duda, vuelve a posicionarlo contra su pecho, armándose de coraje. No puede controlar el temblor de su cuerpo, ni los sollozos que escapan de sus labios… entonces, algo cambia en su interior de repente, el miedo y la depresión se tornan en una furia inusitada, no quiere hacerlo; no va a dejarse ganar.

Ya no llora, se alza estirando su cuerpo llena de ira. Regresa al cuarto de baño, contempla su semblante en el espejo, sus ojos coléricos, mira su seno y unas gotas de sangre resbalando desde él hasta su vientre. Vuelve a entrar en la ducha despacio, el agua se tiñe de rojo limpiando su sangre. Mira hacia arriba, con el agua golpeando su rostro. Una súbita energía la recorre, a pesar de estar exhausta y no haber dormido. Siente que podría afrontar casi cualquier cosa. La adrenalina vigoriza sus músculos de una forma increíble, está demasiado furiosa.

Sale de la ducha y seca su cuerpo. Se sienta en un pequeño sofá. Esta noche no dormirá más, pero descansará lo que pueda.

Algo tras la ventana la observa, una figura alada y diabólica. Lo que podría llamarse su cara se contornea por la frustración, sus ojos irradian un odio mefistofélico. Sin más se sumerge volando en la oscuridad de la noche.

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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:22 pm

Alguna vez cuando tu estas en algún lugar solo ¿No sentiste que alguien te mira pero tú sabes que estás solo?

Bueno yo te diré la lo que te podría estar observando.
Hace algún tiempo un niño de 7 años llamado Antonni como todos los días iba de regreso del colegio hacia su casa por el mismo lugar, pero un día un perro negro lastimado de una pata se cruzo por su camino, Antonni conmovido fue tras el perro, lo siguió hasta un lugar desolado, y mientras el niño se dio la vuelta para ver donde estaba, el perro desapareció, entonces el niño perdido, fue en busca de ayuda para poder volver a su casa pero no encontró más que una pequeña casona, al ver que que anochecía se metió sin dudarlo, pero al entrar se dice que Antonni grito y grito de desesperación pero no había nadie para socorrerlo, pero ¿Por qué gritaba Antonni? Se dice que cuando entro a la casona una sombra sin cuerpo lo miro a los ojos con unos ojos amarillos, entonces Antonni se quedo petrificado del susto y murió.
Al día siguiente la policía junto a su madre lo fueron a buscar, y por la información que les dieron llegaron a la casona, apenas entraron vieron el cuerpo sin vida de Antonni en el suelo, pero lo mas extraño fue que al acercarse al cuerpo vieron que lo ojos de Antonni estaban de un color amarillo, los policías con un poco de miedo se lo llevaron. En el momento que iban de salida un policía miro atrás porque creyó que algo lo observaba, lo que vio fue dos pares de ojos amarillos ¿pero de quien eran ese par de ojos adicionales?, entonces el policía lleno de miedo no dijo nada, pero en el camino enloqueció y se suicido con su pistola pero nadie supo porque lo hizo.

Y ahora lo que te voy a decir no es un juego, cuando te encuentres solo y repites tres veces el nombre de Antonni en voz clara y fuerte sentirás que alguien te mira atrás tuyo, pero te aconsejo que no te des vuelta o podrías quedar marcado de por vida, yo lo intente apenas una vez, pero no lo hice directamente, sino a través de un espejo y lo que vi fue un par de ojos amenazantes color amarillos que me hipnotizaron por algunos segundos, de no haber sido por mi madre que llamo a la puerta tal vez jamás hubiera despertado.
Por eso te aconsejo no mirar hacia atrás, porque aunque no lo vi se dice que no solo te aparece un par de ojos, sino dos pares que se dice que un par son de Antonni, pero el otro par no se puede saber con exactitud pero se dice que son los mismos que miro Antonni antes de morir.

Esta historia es un hecho real, que espero que no intentes realizarla o quedarías marcado de por vida.

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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:42 pm

Es de noche. Una noche oscura y tormentosa. La lluvia arrecia fuertemente. Una chica camina de forma apresurada, sin paraguas, protegida con un largo abrigo rojo. El agua ha empapado su melena pelirroja. Está asustada. No hay nadie por la calle, sólo ella y su miedo. Recuerda lo que ha oído sobre las otras chicas, jóvenes como ella, aparecieron muertas, con dos perforaciones en el cuello, mutiladas, y con una expresión en sus caras de profundo terror. Los forenses dictaminaron que fueron torturadas y mutiladas en vida.
Posteriormente se les causó la muerte con un objeto punzante en el cuello.
Pero la gente sabe la verdad, aunque nadie se atreve a decirlo por el pánico que les produce el sólo hecho de oírse a si mismos. Ha sido el Vampiro, el Señor de la noche, ella es su aliada, a él sirve. Es un ser inmortal, existe sin vida a través de los tiempos, alimentándose de la sangre de los humanos, jugando con ellos, disfrutando con su sufrimiento. Gobierna el mundo en las sombras.
La joven tiene la sensación de que alguien la observa. Su corazón palpita con fuerza, su respiración se vuelve agitada, se muerde el labio haciéndolo sangrar, todo su cuerpo se agita tembloroso. La sensación de sentirse observada se vuelve certeza para ella. Corre, su corazón se ha desbocado por el pánico, parece querer salir a través de su pecho. Apenas puede ya respirar, no por el esfuerzo físico, el miedo la ha hecho respirar tan apresuradamente que le duelen los pulmones. Siente un sabor ácido en su boca, no sabe su origen, no sabe que es el sabor del terror. Sus pupilas se dilatan, su cara se vuelve blanca como la nieve. Corre, llora aterrada. En su carrera tropieza y cae. Su mandíbula golpea brutalmente el suelo. Llorando levanta lentamente la cabeza.
Un rayo cae entonces iluminando en la oscuridad. Entonces lo ve, de pie a unos metros por delante de ella, mirándola con una mezcla de majestuosidad y profundo desprecio. Su larga capa negra ondea al viento huracanado. Sonríe con placer mirando a su futura víctima. Lentamente se acerca a ella. Ésta chilla aterrada, clavando sus llorosos ojos en los del monstruo. Agarra un crucifijo que porta al cuello en una cadena, lo dirige hacia delante. Entonces se da cuenta de que no puede moverse, todos los músculos de su cuerpo están rígidos como una sólida piedra. Es el poder del maligno, piensa. Ha oído que éste paraliza a sus víctimas con su poder sobrenatural. Pero entonces se da cuenta, no es el Vampiro quien la ha paralizado, es su propio miedo. Ese es el poder del monstruo, infundir el terror en sus víctimas paralizándolas. El Señor de la noche esboza una sonrisa sádica mientras se acerca a su víctima. La proximidad del crucifijo parece quemarle la cara, pero disfruta en una especie de actitud masoquista.
La joven grita con todas sus fuerzas hasta perder la voz. Pero no es lo único que pierde. También desaparece su conciencia de la realidad. Ya no ve al Vampiro, ni siquiera sabe que está ahí. El terror inunda cada rincón de su mente. Esa es ahora toda su realidad, el terror. El monstruo lo sabe, lo ha visto muchas veces. Contempla a su víctima paralizada y enloquecida por el terror. El Vampiro ríe complacido. Su risa resuena ensordecedora en las profundidades de la noche. La torturará largo rato, la mutilará, y después la matará bebiéndose su sangre. Y gozará plenamente haciéndolo.

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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:44 pm

Cuando nos mudamos a casa de mi difunta tía “Ana”, presentía que algo iba a cambiar en mi vida, y que el colosal ejército de adicciones que se amoldaba en mí, por fin iba a ser derrotado satisfactoriamente por mi superación humana.
Los que nos mudamos éramos cuatro, mi hermana menor “Crisma”, mi hermano mayor “Rolo”, mi fiel esposa “Bella” y yo.
Una vez que nos asentamos, todo nos vino mejor que antes en aquel caserón antiguo; o al menos eso era lo que pensábamos. Siempre tuvimos una buena convivencia entre los cuatro; una convivencia de beatos.
Algunos pensarán que vivir con tu esposa y dos hermanos es algo bastante inapropiado para la privacidad de una pareja pues no, en mi caso no lo era. Puesto que mi hermano mayor sentía un profundo cariño hacia Bella. Por otro lado, mi hermanita sólo la aceptaba y no demostraba queja alguna en el asunto.
Pasaron los jubilosos días cargados con copas de pureza y alegría, dado que estábamos en plena primavera. La estación de la que se adueñaban los pajarillos, que no paraban un instante en dar a conocer sus divinas canciones. Una de mis estaciones favoritaspor cierto donde las flores demuestran todo su esplendor al máximo y donde los amores surgen o renacen. En mi caso, quería hacer renacer mi amor con Bella ya que desde el viaje no habíamos tenido intimidad (algo a lo que estábamos muy acostumbrados).
Pero antes de llenar de mariposas mi alma con su hermoso y escultural cuerpo decidí, buscar entre unas cajas viejas y polvorientas, un retrato del que hablaba frecuentemente papá. Este retrato pertenecía a la difunta tía Ana. Según papá, en el retrato se podía apreciar lo bella que era nuestra tía en su plena y viva juventud.
Después de una minuciosa búsqueda en el segundo piso, logré encontrar el famoso retrato del que tanto alardeaba papá. Y sin dudas tenía razón, porque tía Ana se veía realmente radiante. Si no hubiese sido mi pariente y si hubiese sido de mi misma edad, no habría perdido tiempo alguno en acortejarla, ofreciéndome como su primer pretendiente.
En el transcurso de mi exitosa búsqueda, el tiempo no había perdonado a nadie y ya era de noche. La hora indiscutible de ir a recomponer energías, con una suculenta comida que era más que seguro que estaba en la mesa de la sala principal; en el primer piso.
Cuando llegué hasta la mesa no encontré a nadie, ni Bella, ni Rolo, ni Crisma. Como si la tierra se los hubiese tragado y jamás los hubiese digerido.
Desconcertado por la ausencia de todos, me dirigí al refrigerador para picar algo y engañar a mi estómago. Algo que logré con éxito. Luego me dispuse a buscar a todos mis cercanos, como un constructor de familias dispersas.
Subí al segundo piso y me dirigí sin control alguno de mi cuerpo hasta mi habitación, para encontrar a mi queridísima Bella,mi hermosa mujer, mi divina y fiel señora.
Pero cuando llegué hasta la habitación mis ojos vieron lo más repugnante y traicionero que jamás hubiesen querido avistar. Era mi fiel esposa con mi único y despreciable hermano. En pleno acto sexual, transpirados como cerdos y con los ojos dados vuelta por tanto placer.
Cuando me vieron se taparon, y dijeron lo más insulso que había escuchado en toda mi puta vida.
¡No, es lo que tú piensas!dijo mi querido hermano mayor; el ejemplo de la traición, el primogénito.
Es cierto…afirmó mi infiel y arpía esposa.
Y al ver y escuchar esto no les dije nada y sólo me retiré del lugar como un perro con el rabo entre las piernas.
Después de lo vivido tenía que tomar un poco de aire puro de las afueras. Me retiré de la casa de la discordia, tomé el auto y me dirigí al bar más cercano donde conocí a una ramera de la zona y descargué toda mi furia con ella.
Después de todo lo mal vivido llegué a mi casa, aproximadamente a las tres de la madrugada. Con una borrachera considerable y con una furia extrema que anidaba en mis entrañas. Decidí acostarme en el sofá. Pero cuando estaba a punto de sentarme en su suave tapizado, escuché la única voz en toda aquella maldita casa. Una voz que provenía del segundo piso, una voz a la que nunca hubiese querido oír.
Andrón… Andrón… Andrón…se escuchaban los susurros angelicales y suaves ante los oídos humanos.
Por una curiosidad realmente humana, decidí ir al segundo piso y averiguar quién era el dueño o dueña de esta voz.
Una vez que logré subir las eternas escaleras que conducían al segundo piso, la voz siguió musitando para guiarme hasta su ubicación. Y en un corto espacio del tiempo pude darme cuenta de dónde provenía. Pero algo en mi mente adecuada a lo cordial me decía que esto no podía ser cierto. Y con un elevado grado de pavor me dirigí hasta las cajas donde estaba el retrato de tía Ana; la cual era dueña de la voz.
Pero… esto, no puede ser ciertole dije al retrato; sin dudas lo vivido era una locura. Muchas veces pasó por mi mente que todo esto era efecto del alcohol, pero después me di cuenta que no era así.
Hola, querido míome dijo el retrato.
Este retrato demostraba unos signos de viveza aterradora, era como un ser carnal sólo que atrapado dentro de un cuadro. Tía Ana demostraba a leguas gestos exactos de un humano banal, a diferencia que su rostro era más pálido al de un mortal. Era como si ella jamás se hubiese ido y como si siempre hubiese estado atrapada en aquella pintura.
Hola, tíale contesté, amablemente y con mucho temor.
Veo… que tienes muchas penas.
Pues no sólo lo ves, sino que realmente tengo muchas penasle dije.
¿Quizá… yo pueda ayudarte?me dijo, con un tono de voz cargado de picardía.
No, lo creo tíale dije desganadoLo que he sufrido, no tiene cabida a ninguna ayuda.
Pues al no saber con exactitud qué es lo que has sufrido, entonces… ¿cómo sabré si puedo ayudarte?aportó con razón, propia a su argumento.
¡Está bien!exclaméLo que sucedió fue…bueno…encontré a mi esposa con Rolo.
Vaya… esto sí que es algo tristetrató de consolarme.
Pues sí.
¿Quieres que te ayude?me preguntó con un tono de voz extraño.
Por supuestole contesté, sabiendo que lo mío no tenía solución o al menos desde mi punto de vista.
Entonces… te ayudaré dijoMañana amanecerás encontrando una gran sorpresa, una sorpresa radiante, despampánate e inimaginable.
Está bien…confío en tile dije, reacio a que pueda solucionar mi problema.
Una vez que quedamos en acuerdo con mi tía o más bien con su retrato, volví a mi objetivo principal. Ir al sofá y pegar los ojos hasta el otro día; que sólo anhelaba que sea mejor al vivido.
Los pajarillos me despertaron con sus cantillos, en el radiante día sábado. Pero si hubo algo que llamó toda mi preciada atención en aquella mañana fue, el no haber visto a mi hermana preparando el desayuno dado que esto era costumbre en ella.
Pasaron unos minutos después de que me estirara como los felinos y de que bostezara vagamente.
Sin acordarme por efecto de la borrachera, de ninguna toma de la película de la noche anterior me dirigí al baño a lavarme y a despedir todos los desperdicios de mi cuerpo, que rebalsaba en fortaleza.
Una vez que llegué al enorme baño que se encontraba en el segundo piso, (como casi todos los lugares de la casa) lavé mi lagañoso rostro y cepillé mis careados dientes. Pero en ese ínterin los recuerdos de la noche anterior, habían vuelto como si alguien me hubiese dado un golpe en la cabeza. Recuerdos que me incitaban a averiguar cuál había sido la solución del retrato de tía Ana, ante mis notables problemas.
La primera persona a la que fui a visitar fue a mi hermanita menor. Cuando llegué a su habitación propicié unos tres golpecillos en la puerta antes de entrar, porque le molestaba mucho mi presencia en su cuarto; siempre era mejor avisar de mi llegada.
Pero tras tocar vagamente sin rumbo alguno por las corrientes sónicas, nadie atendió a la puerta. Sin titubear la abrí irrumpiendo en su cuarto. Y cuando ingresé a la habitación vi lo más aterrador y morboso que jamás había visto en mi asquerosa vida. Era mi hermana menor ensartada con clavos ferroviarios contra la pared, en posición de crucifixión completamente desnuda con tres estacas apuñalando su vagina y dejando que la sangre fluyera de su genital corrompido. Los pechos desgarrados con los pezones pendiendo de un hilo de piel, ojos y boca cosidos a la perfección impidiendo la vista por la eternidad y obstruyendo todo tipo de alimento. Y su cuerpo pálido y virginal tenía precisas incisiones que formaban inscripciones paganas e intimidantes de las cuales desconocía totalmente. Inscripciones en un idioma, al parecer lo bastante extraño y desconocido por la humanidad.
Después de llorar un considerable momento, sollocé y salí de la habitación que demostraba el lado más oscuro de la muerte y de la ayuda del retrato.
Al ver esto me imaginé que es lo que les había tocado a mis verdaderos traidores. Lo que no comprendía aún, era el por qué de la muerte de mi preciada hermana. Además tenía mucho miedo por aquel retrato del demonio. Que sin dudas, tenía una forma muy aterradora de solucionar los problemas
Cuando abrí la puerta de la habitación de Bella los encontré a ellos asesinados, torturados, ultrajados, de forma macabra y sádica para la mente de un humano.
Bella estaba con un palo ensartado en su vagina el cual hacía notar su otra extremidad saliendo de su enorme boca que lo tragaba todo. Le faltaba el cuero cabelludo, no tenía sus hermosos ojos negros y tenía incrustadas en cada oído palancas de metal. Pero lo que más hurtó mi atención fue lo que tenía escrito en sus senos, algo que decía lo siguiente:

“SOY UNA PUTA, ME ENCANTAN LAS PIJAS ENORMES”

Esto, no mentía por ninguna razón. A veces pensaba que todo lo sucedido se lo tenía bien merecido y que mi persona tenía un cierto grado de goce en tal situación.
Pero aún faltaba otra de las víctimas o condenados, una persona de lo más despreciable e inmunda. Una ser capaz de engañar a su propia sangre; del cual era mejor alejarse que acercarse.
Mi excelso hermano “el primogénito” no se había escapado del trágico castigo por parte del retrato. Él estaba a tan sólo un cuerpo de Bella y de la peor manera se encontraba sin signos de vida.
Rolo carecía de sus extremidades, las cuales estaban clavadas en las paredes del cuarto con unos clavos de tamaño considerable. Por otro lado, tenía estacas introducidas en su carne que enfilaban desde su cuello hasta su pene. Como si todo esto no hubiese sido suficiente, sus ojos estaban salidos hacia afuera, sus oídos estaban rasgados y su boca faltante de sus tan preciados labios; los cuales usaba para besar a mi difunta mujer.
Después de ver las torturas que habían sufrido mis seres cercanos, que alguna vez fueron queridos. Me decidí ir en busca del truculento retrato de tía Ana.
Una vez que llegué hasta mi objetivo abrí la caja de cartón donde estaba el tan anhelado retrato y lo tomé, en un movimiento de tal rapidez que mi alma no lo notó.
Tía Ana se encontraba firme, fusionada al retrato, llorando como nunca. Pareciendo una verdadera chiquilla remilgada. Pero lo que realmente me dejó cuajado, no fue el haber visto llorar al retrato,sino lo que lloraba el retrato. No eran lágrimas comunes, eran lágrimas de sangre; tan roja como los ríos del infierno.
Esta imagen me causaba un cierto y considerable grado de terror, tristeza, angustia y hasta furia. No lograba comprender qué era lo sentido en aquellos momentos; tan torturadores para mi existir.
El retrato seguía impetuoso en su posición, sin dejar de llorar. Y en su momento de pena eterna decidí hacerle una pregunta que atormentaba mi ser a cada minuto que pasaba.
¡Ana!exclamé, para hacer que vuelva en sí; algo que resultó con mucho éxito.
¿Qué quieres Andrón?me preguntó después de sollozar.
Sólo quiero saber… ¿Por qué matasteis a Crisma?
Porque ella también era una pecadorame contestó con mucha confianza de sí misma.
¿Y cuál fue, el pecado que cometió hacia mi persona?le pregunté, atónito.
Cuando tu hermano y tu mujer, te engañaban ella lo sabía todo. Sólo que callaba, porque estos dos le pagaban un dinerillocontestó a mi gran pregunta.
Sin dudas todos mis seres queridos eran unas verdaderas mierdas humanas. Personas de lo más despreciables y traicioneras, que se vendían al mejor postor o al que tenga el pene más grande, (en el caso de mi mujer).
Esto, no es una pesadilladudé en aquel momento¿Verdad?
No, todo es realapaciguó mi alma.
¿Sabes qué tía?
¿Qué hijo?
Eres la única persona o más bien el único ser, del que puedo fiarme y del que nunca me separaréle dije, con toda la franqueza del mundo.
Gracias… mi amor, tus palabras me han aliviado. De tal forma que estoy lista para solucionar tus otros, tan inquietantes problemas ¿Acaso lo deseas?el retrato de tía Ana me volvió hacer la misma pregunta de un principio. Y yo volví a contestarle con mucho entusiasmo.
Hay un hombre… un tal “Boldín”le dijeEs el dueño de un restaurante de las cercanías. Me encantaría que me ayudaras con este tipo.
Mi conocimiento era voraz, respecto a cuál sería la ayuda que iba a recibir nuevamente de parte del retrato. Y decidí junto a tía Ana, convertirme en un castigador etéreo de mis enemigos hasta el fin de mi vida o hasta el principio de la eternidad.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:45 pm

La navidad es aquella ceremonia donde se festeja el nacimiento de Cristo, y todos tienen una noche buena, pero la familia Edith no tuvo esa noche buena.
Londres año 1980, la familia Edith espera ansiosa la navidad, es un día con mucha nieve, pero podría ser peor cuando informan por televisión sobre un asesino que se ha escapado de la cárcel con un traje de santa Claus y que ronda por esa misma zona, la familia se mantiene alerta, pero no lo suficiente ya que no han asegurado la casa y que en cualquier momento el prófugo podría introducirse en el hogar.
Ante esto la madre manda a dormir a su hijo en la planta alta de la casa (2° piso), para estar más asegurado. Ya son más de las 00:00 hs y en la casa están todas las luces apagadas, de repente se siente un ruido por la chimenea entonces Lautaro hijo único de la familia se levanta de la cama creyendo que era santa, fue entonces cuando la madre grita: ¡Lautaro corre y escondet…., pero el asesino le corta el cuello a la mujer con lo cual muere ensangrentada, el niño siente un temor inexplicable .
Mientras el niño subía las escalera rápidamente el prófugo le decía con voz dulce y delicada: lautarooo, dale un abrazo a santaaa. Fue entonces que en esa ocasión aparece el padre del niño peleando contra aquel asesino, pero por un descuido minúsculo el suicida saca un hacha que tenia escondido en su traje robusto y le corta el hombro al pobre hombre que gritaba agonizante en el pasillo de su casa, mientras gritaba adolorido por la herida el esquizofrénico hombre le corta la cabeza al papa de Lautaro, ahora sí, Lautaro sentía miedo, pero a la vez furia y tristeza por lo sucedido aquella noche de alegría, el estaba solo e indefenso lo único que pudo hacer fue esconderse en su cuarto encerrarse en su closet y llamar sollozantemente a la policía sin que aquel demente se diera cuenta de la llamada a las autoridades y que todo se diera por terminado……pero no fue así como lo pensó Lautaro.
El asesino aun buscaba al joven asustado, pero cuando subió las escaleras escucho un bullicio en el armario, el loco sin pensarlo corta el cable del teléfono, abre el armario y asesina muy brutal y despiadadamente a aquel joven niño de tan solo 7 años de edad, cortándole sus miembros y extrayendo sus órganos, mientras Lautaro agonizaba el despiadado hombre le corta el cuello y es ahí cuando la vida de aquel niño se da por terminada, pero antes de irse el loco vestido de santa Claus descuartiza a los integrantes de la familia, los mete en una bolsa negra y los coloca en una caja cuadrada lo envuelve con papel de regalo y lo deja debajo de aquel árbol de navidad que hermoso se veía con sus adornos navideños.
Jamás se volvió a ver a aquel asesino, pero ten cuidado, puede que en cualquier navidad aparezca en tu casa, pero… ¿estarás preparado para ello?.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:45 pm

Me llamo Jose, tengo 29 años y siempre me ha gustado todo lo paranormal, aunque nunca había tenido ninguna experiencia hasta hace unos años. Era la noche de Halloween y unos amigos y yo, queríamos hacer algo guay para celebrarlo, así que decidimos hacer una sesión de ouija en el parque.
Llegamos al parque a medianoche, nos fuimos a un rincón oscuro, colocamos el tablero y empezamos la sesión. Al principio, no pasó nada, hasta que de pronto el vaso empezó a moverse de un lado a otro y de pronto escribió un nombre:Amanda.
Nosotros estábamos un poco asustados, pero decidimos seguir a ver si averiguábamos quien era la tal Amanda. Entonces, uno de mis amigos que no se creía nada dijo:Si de verdad estas ahí, danos una señal.
Al principio no pasó nada y los tres nos quedamos callados, escuchando y mirando a nuestro alrededor.De pronto de entre unos matorrales, salió un gato negro con los ojos brillantes y se nos quedó mirando.Mis amigos y yo empezamos a tirarle piedras y a intentar asustarlo, pero el gato no se movió.
Estuvo enfrente de nosotros y mirándonos por lo menos media hora y luego se fue. Nosotros nos quedamos donde estábamos muy asustados y si entender nada y luego decidimos volver a casa. De esto hace ya seis años, pero todavía lo recuerdo como si fuera ayer y desde aquella noche, me dan miedo los gatos negros y no he vuelto a tocar un tablero de ouija.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:47 pm

El sonido ensordecedor de un relámpago anuncia la llegada de la noche, se comienza a escuchar el canto agudo de los cuervos a la oscuridad. Los cielos se tornan de un negro agudo jamás antes visto y a la vez un enceguecedor relámpago rojo azota violentamente el suelo haciéndolo crujir y agrietarse.

Desde las profundidades del pavimento comienza a salir la lava ardiente junto con miles de demonios de figuras espectrales acechantes armados con dagas y tridentes con sed de sangre y muerte una sinfónica conformada por mil ángeles negros entonan su música fúnebre creando un ambiente de maldición y depresión acompañados con los gritos y llantos de las personas asustadas los cuales les sirven de coro a aquella melodía siniestra.

La luna comienza a tornarse roja a medida que los lobos lanzan sus aullidos hacia ella, los ecos de la muerte comienzan a invadir el ambiente poco a poco, las personas comienzan a caer al suelo sus vidas han sido apagadas y los demonios comienzan a celebrar su guerra ya ganada. Del cielo comienza a caer un diluvio de agua con un sabor agrio, son las lagrimas de millones de ángeles, vírgenes y santos los cuales lloran con impotencia la desgracia que está ocurriendo en el mundo esta vez los rezos y Dios no sirvieron de mucho, el daño ya estaba hecho y los demonios danzaban victoriosos sobre las personas muertas y agonizantes aclamando la aparición de su maestro.

Pocos humanos sobrevivieron a los hechos, pero el recuerdo de ese día jamás será borrado de sus mentes, el día de los relámpagos rojos y la lluvia de lágrimas… el día que el infierno subió a la tierra.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:47 pm

¿Podría una madre olvidarse del hijo de sus entrañas?
Pues yo nunca me podré olvidar. Is. 49,15.
Empezó a oír el llanto antes de entrar a la casa.
El hombre volvió del trabajo con el último aliento de la tarde, arrastrando su sombra a través de las calles. En todo su aspecto lánguido y demacrado se notaba el agotamiento físico y la falta de sueño que su cuerpo venía reclamando a gritos.
— ¡Querida, ya llegué! —anunció el hombre en el quicio de la puerta.
No le sorprendió la ausencia de respuesta ni el hecho de que nadie venga a recibirlo. Sin embargo, el llanto constante como sonido de fondo resultó tan molesto para sus nervios siempre alterados, que a pesar de que llegaba amortiguado por la distancia, lo sintió como si una manada de gatos estuviera aullando adentro de su cabeza.
El señor Gómez apoyó su maletín sobre una repisa, se quitó el saco, lo colgó en el perchero y aflojó el nudo de su corbata. Luego fue hasta el baño, se arremangó los puños de la camisa y se lavó la cara y las manos con abundante agua. Finalmente volvió al salón comedor y se dejó caer en la silla exhalando un suspiro.
— Uff, no doy más… —resopló.
Se inclinó hacia adelante, apoyó los codos sobre la mesa y miró su imagen reflejada en el vidrio de la biblioteca. Negras ojeras subrayando los ojos enrojecidos, piel anémica y grasienta bajo una barba de cinco días, la espalda encorvada y la expresión ausente en la mirada, formaban el conjunto calamitoso de su figura.
Una punzada de dolor en las sienes lo hizo desviar la vista de aquel cuadro. El llanto susurraba en sus oídos una retahíla de reclamos y lamentos, en un lenguaje visceral compuesto por lacrimosos gemidos.
— ¡Marta, ya llegué! —volvió a gritar, esta vez alzando más el tono de voz.
A continuación se escuchó un ruidoso traqueteo de ollas y utensilios de cocina, unos pasos nerviosos que se acercaban y luego la señora Gómez se asomó por una puerta lateral. Llevaba un delantal cuyo color original había sucumbido hacía tiempo bajo sucesivas capas de mugre, un hacha de cocina chorreando sangre en la mano derecha y el pelo largo y crespo recogido en una cola de caballo.
— Alberto, no te escuché entrar —dijo la mujer, jadeando—. ¿Cómo estuvo tu día?
Igual que el anterior, y el anterior, y los que vendrán… hasta el fin de los días, pensó él.
— Bien, bien… —respondió con voz cansada—. ¿Qué hay de cenar?
— Sopa de verduras —dijo la mujer, y se limpió el sudor de la frente con el borde del delantal.
El hombre suspiró. La señora Gómez adivinó el gesto de fastidio en el semblante de su marido, por eso salió de la cocina y se paró frente a él cruzada de brazos, en actitud desafiante.
— Alberto, ¿qué te pasa? —le espetó.
La pregunta era ya ritual. Ella sabía tan bien como él que su vida era un asco. Que había visto cómo sus sueños se derrumbaban uno a uno hasta quedar convertidos en un montón de ruinas. Que se sentía aplastado como una cucaracha por una rutina vacía y sin sentido: del trabajo a casa y de casa al trabajo, y a eso había que sumarle las “horas extras” que demandaba ser padre de familia.
— Nada, Marta…
No pasa nada, repitió, y sin embargo la montaña de basura adentro de su cabeza empezaba a alzarse como un dios terrible al que había que alabar y rendir tributo.
— Alberto, por favor, no empecemos otra vez…—dijo la mujer, cuando tuvo un súbito presentimiento. El instinto materno.
Un grito horrible atravesó la habitación. El llanto se tornó alarido lastimoso, una letanía sonora y discordante que desgarró los oídos del matrimonio. La mujer miró al hombre. El hombre miró al piso y luego a su mujer.
— Deben tener hambre —dijo la señora Gómez.
— Siempre tienen hambre, Marta, siempre —respondió el hombre con dureza—. ¡Hacelos callar, por el amor de dios!
— Pero… Alberto, ¿qué te pasa?
— Me pasa que no los soporto más, ¡me van a quemar la cabeza!
— No hables así, por favor.
— ¿Por qué? Si son unos malcriados de mierda, Marta.
— ¡Alberto!
El hombre la miró con un brutal deseo de insultarla. Los ojos llenos de un frío aborrecimiento.
Ante ese arrebato contenido, la mujer se envalentonó y le echó en cara todo lo que pensaba. Le dijo que él era el culpable de su angustia, que le había arruinado la vida, que era un desalmado sin corazón y que a veces tenía deseos de matarlo como a un perro.
— Sos un hijo de puta, Alberto.
El hombre se paró frente a ella, dispuesto a golpearla, pero contuvo su irritación ante una visión deprimente. Por un momento, el señor Gómez sintió que se estaba reflejando en un espejo: igual de cadavérico era el rostro de su esposa, igual de sombría su mirada, igual de abatido el cuerpo de la mujer de la que alguna vez estuvo enamorado.
— Marta.
— Alberto.
Ambos se miraron, fingiendo reconocerse el uno en el otro, evocando un pasado irreal de tan distante, pero que a fuerza de repetición terminó siendo la única realidad posible.
— ¿Te acordás cuando éramos novios?
— Sí. Éramos jóvenes. Eso fue hace mucho tiempo —reflexionó ella.
— Antes de que empieces a tener hijos —dijo él, casi en tono de reproche.
— Antes de que “empecemos” a tener hijos, Alberto —corrigió ella—, ¿no estarás insinuando que…?
— No, Marta, yo no insinúo nada.
Se sentían como si fueran los únicos sobrevivientes de una terrible tragedia: sólo los unía la resignación mutua, la pesadilla común de haber atravesado juntos el infierno.
El horror compartido.
— Alberto…
— ¿Qué, Marta?
— ¿Todavía me querés?
Silencio.
— Sí —mintió él—. ¿Y vos?
Otra vez silencio.
— Yo también —mintió ella.
En ese momento el llanto se intensificó, acompañado por un alarido horrendo. Sin decir una palabra, activado por una súbita energía de reserva en su cuerpo, el hombre se dio vuelta con ímpetu y se dirigió a grandes pasos a las habitaciones. Se paró frente a una de ellas y reventó la puerta de una patada.
Allí, agazapado en un rincón, un niño como de siete años lo recibió con un insulto. Espumarajos de rabia brotaban de su boca con cada injuria, los ojos hinchados, rojos, la cara desfigurada por la ira.
El hombre se precipitó adentro del cuarto y cuando estiró el brazo para agarrarlo el niño le mordió la mano. El señor Gómez miró la sangre alrededor de la media luna marcada con los dientes y le respondió con una violenta patada en las costillas.
— Vení para acá, mocoso de porquería —escupió.
Lo sacó de la habitación a la fuerza y lo arrastró a través de un oscuro pasillo, seguido de cerca por su esposa. El niño berreaba, se sacudía y pataleaba, convulsionado por una mezcla de bronca e impotencia.
El corredor desembocó en una puerta. El hombre la abrió y la escalera del sótano descubrió frente a ellos los primeros escalones, ya que el resto permanecía tragado por la oscuridad. El señor Gómez soltó al niño y de un empujón lo hizo rodar escaleras abajo.
El hombre y la mujer descendieron y se detuvieron a mitad del trayecto. El niño se incorporó y permaneció de pie en el fondo del subsuelo, temblando, rodeado por un mundo de tinieblas. El llanto que hacía instantes laceraba los oídos del matrimonio cesó de repente, y la casa quedó sumida en el silencio más absoluto.
Pasaron, quizá, diez segundos.
De pronto, fue como si la propia oscuridad cobrara vida. Primero se oyeron ruidos de cadenas que se arrastraban, luego unas formas indefinidas se movieron en la penumbra, hasta que al fin emergieron de la sombra y se recortaron nítidamente contra el fondo negro: una docena de mandíbulas cuadradas, del tamaño de una cabeza, con dos hileras de colmillos brillantes como el acero.
Olfatearon el miedo. El miedo era su alimento.
Un terror animal se apoderó del pequeño. A su alrededor, las quijadas mugían y se acercaban, abriendo y cerrando sus grandes fauces con voracidad. El niño apenas pudo procesar en su esquema mental lo que estaba ocurriendo. La locura lo invadió y se extendió por todo su ser como una enfermedad, haciendo colapsar su sentido de realidad. Y en su lugar sólo quedó un horror ciego, sin matices. El puro miedo.
Pero la pesadilla para él duró poco: las mandíbulas, atacadas por una creciente sensación de gula bestial, cayeron sobre el cuerpo del niño desgarrando la carne, triturando el hueso, cortando de cuajo el aliento contenido. La jauría se disputaba con ferocidad los restos de la víctima, tironeando de cada extremo, hasta que el cuerpo no tardó en quedar desmembrado en medio de un río de sangre.
El matrimonio contemplaba el espectáculo con frialdad.
— ¿Ese era el último? —preguntó la mujer.
El hombre asintió con la cabeza.
— No les durará mucho —agregó.
— No —dijo el hombre—. Esperemos que al menos nos dejen dormir.
— Sí —respondió la mujer.
El festín estaba llegando a su término cuando el matrimonio dio media vuelta y salió del sótano en silencio. Cerraron la puerta despacio, con una sensación de placentera calma en el rostro, como dos drogadictos que se dieron un toque después de varias horas de involuntaria abstinencia.
Volvían a la sala tomados del brazo, un matrimonio feliz, cuando la mujer pareció desvanecerse. Se echó sobre el pecho del hombre y se llevó una mano a la boca, ahogando un grito.
— Marta, ¿qué te pasa?
— ¡Alberto! —gritó. El cuerpo se le dobló en una súbita contracción—. Me parece que…
— ¡¿Qué?! —gritó el hombre.
La señora Gómez se aferró con fuerza de ambos brazos de su marido, clavándole las uñas en la carne. La cara se le contrajo en una mueca convulsionada por el dolor.
Una aureola de sangre comenzó a crecer en el delantal, en la zona del vientre.
La mujer respiraba con dificultad. Inhaló y exhaló con fuerza varias veces. Mugió como una bestia hasta inyectarse de sangre el rostro. Flexionó las rodillas, hizo un último esfuerzo, lanzó un grito y luego suspiró.
Acto seguido, una pata negra y velluda asomó por debajo del delantal, tanteando en el vacío. Luego, una a una, se desplegaron ocho patas más, y finalmente una bola viviente cayó al piso haciendo un ¡plop! junto con un chorro de líquido sanguinolento.
La mujer volvió a suspirar, esta vez con alivio.
El hombre observó todo con impavidez, ni siquiera cuando la mujer vomitó sobre su camisa hubo un gesto o contracción en los músculos que delatara alguna emoción en su rostro.
— Otra boca más que alimentar —dijo inexpresivamente, mirando al monstruo retorcerse en el piso: no tenía ojos, nariz, ni otra cosa que deformara o embelleciera su aberrante fisionomía, solo una boca negra con dos hileras de filosos colmillos, y patas de tarántula naciendo alrededor.
La mujer levantó en brazos al fruto contrahecho de sus entrañas, abrió la puerta del sótano y, antes de hundirse en la oscuridad junto a su nueva descendencia, se volvió hacia su marido.
— Debe tener hambre, Alberto —dijo en tono maternal.
El hombre comprendió el metamensaje en las palabras de su mujer.
El llanto agudo del recién nacido comenzó a resonar en el interior de su cabeza: la llamada terrible, perentoria, de la cría, y sintió que su chillido se le clavaba como cientos de navajas en el cráneo.
— Voy por mi abrigo —dijo con resignación.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:48 pm

Cuando desperté, ya la había perdido. Lloré como nunca y contemplé mi hinchado vientre, pero ya no porque estuviera ella ahí, solo por la inflamación que produjo la salida prematura de su pequeño e indefenso cuerpo. Al verla en ese recipiente, inerte y fría mi corazón cayó en mil pedazos. Tomé su fría y ensangrentada manita y la besé, no me importó que la sangre dibujara una mancha macabra alrededor de mi boca. Dejarla ir fue doloroso, pero mas lo fue quedarme sentada en esa pútrida sala de velación, observé el pequeño féretro blanco que se llevaba la luz de mis ojos: Mi hija. Después del entierro me aislé, nunca volví a sonreír pues mis fuerzas habían muerto con ella y mis ganas de vivir están enterradas en el camposanto.
Ya no me queda nada…
¡¡Es un milagro!! Ayer vi a mi hija, sentada en la alfombra de su habitación, sabía que había un error y que ella estaba viva. Ha pasado 1 año y por fin tengo de vuelta a mi hija. Mi marido parece no querer reconocerla, dice que estoy consternada por la muerte de nuestra hija. ¡Pero ella está allí!, juego ahora mismo con ella ¿Por qué no quiere verla? ¡Mira! ¡Aquí está! ¡La estoy cargando en brazos!. Esta bien, vete hombre malo. Los días pasan y mi hija crece y crece, nadie quiere verla, pero yo la tengo aquí en mis brazos, sentada en la mecedora le arrullo. Envuelta en esta cobija roja está ella; mis padres, mi marido, mis amigos, todos dicen que esto me afecta, que no quiero dejarla ir, ¿Y como dejarla ir si ella está aquí conmigo?.
He discutido con mi marido, dice que si no dejo este jueguito me internará en un manicomio, ¿Cuál juego? Solo cuido que mi hija, quien duerme ahora, no sea arrebatada de mis manos una vez más, ¿acaso estoy haciendo mal?. Ya nadie quiere estar cerca de mí, abandoné mi trabajo, dejé de salir con mis amigos, ya nada me importa salvo estar con mi hija. Me encanta jugar con ella, sentir sus diminutas, y a veces frías manitas en mi cuerpo. Ella lo es todo.
¡Hoy mi hija se puso de pie!, está a punto de caminar, aunque mi marido se haga el tonto y afirme no verla, yo sé que está ahí, paradita, ¡que linda! Mi hija está creciendo.
Ya camina, y le hace travesuras a mi marido, lo asusta parándose detrás de él y reflejándose en el espejo, le esconde el control remoto de la televisión y le balbucea en el oído cuando duerme, me encanta ver como se sobresalta. Esas son las pruebas de que ella está aquí, ya la escuchó y la vió, pero insiste en decir que es solo una fantasía. Yo no sé porque lo niega si esa niña tan hermosa y traviesa está aquí con nosotros.
Hoy he tratado de llevarla afuera, pero al abrir la puerta y tratar de sacarla la luz del sol pareció lastimarle, gritó y se escondió detrás de mi. No dejó de dar alaridos hasta que cerré la puerta, entonces ella rompió a llorar. La cargupe en brazos y la llevé a su habitación, tardé en hacer que se calmara pero por fin logré que se durmiera, ¿Por qué habrá reaccionado de esa manera? Estoy tan confundida…
Por fin todos se dieron cuenta de la existencia de mi hija, mis padres han oído su llanto, pero al subir dijeron que no había nada. ¡Pero si la han escuchado!, mi madre entró al baño y pegó un tremendo grito, salió llorando, dijo haber visto a mi hija ensangrentada a través del espejo, subí corriendo temiendo que se hubiera lastimado, pero estaba bien, dormida en su camita. Tan bella mi hija.
¡Estoy harta!, ya me cansé de que me tiren de loca y se nieguen a aceptar que mi hija esta aquí. ¡Que se vayan al diablo!. Eché a mi marido de la casa, pues sus gritos ofensivos hacia mi han hecho llorar a mi hija, lo eché y cuando salía del arrojé una maceta que se partió en mi pedazos al estrellarse contra su cabeza, cayó inconsciente. Mi hija se subió a su cuerpo inerte y como es tan inocente y no sabe lo que hace, le sacó los ojos. Claro que la perdoné, es solo una niña.
Amenacé a mis padres que no regresaran, pero lo hicieron. Cuando llegaron entraron a la habitación de mi hija con tal escándalo que la despertaron y le hicieron enojar, pagaron muy alto el precio: mi padre terminó con le cuello roto y a mi madre le arrancó la lengua, murió desangrada. La perdoné, porque ellos al hicieron enojar.
Ahora estamos solas mi hija y yo, nos aves que vida tan feliz llevamos ella y yo, pronto entrará al kínder y me hace la madre mas orgullosa, solo espero que no le hagan enojar o ella se desquitará, como cualquier otro niño.
Ahora estás aquí, has seguido nuestros pasos, me has ayudado a cuidar a mi hija y tanto tu como yo sabemos que es real. Sé que la ves, ahí dormida. Gracias por cuidarnos, ahora debo continuar yo sola, pero te buscaré para que asistas a su graduación de kínder, de primaria, de secundaria, a su boda, el bautizo de sus hijos…
Gracias por todo, puedes irte… ¡¡SHH!! No hagas ruido, mi hija duerme.

Mxrce


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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:49 pm

¿Quién puede asegurar qué fantásticos espectros veremos en el instante de nuestra muerte?
La habitación carecía de los elementos esenciales para los amantes del terror clasico. Limpia, pulcra hasta el ridículo. Ella duerme, su mente desconectada de toda realidad. La noche es apacible, cálida. La luz de la luna se derrama sobre la pared.
Pero a pesar de lo prosaico de la situación, lo ominoso se hace presente.
Primero una corriente eléctrica recorre la columna de la niña, algo que no tiene conexión con su mente, algo físico; la sacude en un espasmo violento que la arranca del sueño. Su cuerpo supo antes que su mente lo que sucedía, había algo en la habitación.
Cubierta con una manta permaneció inmóvil. Su cerebro buscaba desesperadamente un argumento que contradiga aquel miedo irracional y absurdo; pero su cuerpo no respondía a este llamado a la sensatez, se obstinaba en mantener los músculos tensos. Las fosas nasales, dilatadas para inhalar la mayor cantidad de oxígeno posible, parecían las de un animal acorralado...
"No hay nadie"...
Sus ojos recorrían la habitación con una velocidad frenética. Su mente racional estaba estancada repitiendo estúpidamente: “No hay nadie. No. Nadie". Pero esa parte del cerebro inaccesible para la mente racional estaba determinada a mantenerse alerta. Hizo un enorme ejercicio de la voluntad para tratar de dominarse, pero fue inútil.
"Enciende la luz..."
Pensó en su padre, quién ahuyentaba sus infantiles terrores encendiendo la luz del velador, haciéndola sentir un poco tonta por temer algo que sin duda...
"No la enciendas..."
Se detuvo en el momento en que su mano se estiraba hacia el interruptor
"Si la enciendes, lo vas a ver..."
Paralizado su cuerpo, sus ojos se posaron en un rincón de la habitación. Las sombras danzaban alegremente sobre la pared, en algún lugar de la noche ladraba un perro.
"Ahí está... en el rincón..."
Los segundos se estiraban en una angustia indecible. El tiempo se convirtió en algo físico, pegajoso. Ella miraba hacia el ángulo de la habitación. No parpadeaba. En un último y desesperado intento, su yo racional trató de calmarla.
"Ahí no hay nadie. Son sombras y Luna, nada más".
En ese momento le pareció que el bulto del rincón se movía, acaso captando que se dudaba de su existencia. El movimiento fué leve, apenas perceptible, pero innegable. Lo que ella podía entrever desde su posición era una figura, que bien podía ser humana, de pie en el rincón de la habitación.
En este punto algo sorprendente ocurrió en su interior. El horror no cedió, pero dejó de bloquear los procesos mentales, seguía en posesión de su cuerpo en tanto la amenaza continuase; pero liberó su consciencia para que analizara la mejor manera de salir de aquella desesperada situación. Intentó hablar, pero al principio solo pudo producir un susurro que apenas si podía oírse a los pies de la cama.
_ Marco...
Fue consciente de que había dicho el nombre de su hermano, aunque desconocía porqué a pesar de la enorme variedad de monstruos conocidos había pensado justamente en su hermano, quién siempre la había querido...
"Pensaste en él porque está muerto..."
_ Marco, ¿eres tu?_ alcanzó a decir.
La figura del rincón siguió inmóvil durante algunos instantes, luego su cuerpo se inclinó levemente hacia adelante, sacando el rostro de las tinieblas; la luz de la luna alcanzó el rostro de la figura, un segundo apenas. Lo suficiente como para que ella sepa que no era su hermano, sino algo infinitamente peor.
Toda resistencia se derrumbó. La figura supuraba un odio negro e inhumano que era palpable. La habitación se llenó de un hedor insoportable. Aquello que estaba en el rincón de la habitación dio un paso adelante.
Su boca se contorsionaba en una mueca que intentaba ser una sonrisa; sus ojos eran pozos negros dónde era imposible vislumbrar algún rasgo humano. Imposible discutir, imposible razonar con aquel ser que era más bien una voluntad siniestra; sin pasiones, sin deseos; sólo odio y espanto.
Ella se abandonó y se hundió en aquellos pozos negros que eran sus ojos.
El cuerpo sin vida de la niña fue encontrado a la mañana siguiente. Sus ojos miraban estúpidamente hacia el rincón de la habitación. Derrame cerebral, dijeron los médicos. Nadie discutió un argumento tan razonable.
El mundo es misterioso. Después de todo, ¿quién puede decir qué veremos en el instante de nuestra muerte?......
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:51 pm

Todo comenzó una tarde de mucho calor, en la que los pájaros se mojaban las alas en las fuentes y los ciudadanos de a pie, se refrescaban en bares y terrazas. Cuando lo que parecía ser una mujer, que se acercaba desde la distancia, tambaleándose de un lado a otro, a un ritmo casi gracioso. Debía de medir unos dos metros y medio por lo menos, era inmensa, tenía una larga melena negra, unos brazos largos y musculosos, fuertes como los de un campeón de culturismo, unas manos tan grandes que podían coger una cabeza y estrujarla como si fuera una simple esponja, unas piernas tan largas, que de una zancada recorría varios metros sin esfuerzo, sus ojos eran grandes y negros, inyectados en sangre, que parecía estar poseídos por el mismo Satanás. Llevaba un hacha en una mano y una cabeza cogida por los pelos en la otra.

Corría hacia la gente, asestando hachazos a todo lo que se le ponía por delante, hombres, mujeres, niños, niñas, le daba igual, su matanza no era discriminatoria. A unos les daba hachazos en la cabeza, en el pecho, en la espalda o donde le pillara mejor. A otros los cogía por los brazos, se los arrancaba, los cogía por la cabeza y les partía el cuello con un simple movimiento de muñeca, los pisaba hasta reventarlos, como si fuesen huevos que se caen de una mesa, a los que no alcazaba a darles un hachazo o no podía agarrar porque estaba muy lejos, les lanzaba miembros seccionados de sus víctimas, golpeándoles en partes vitales de su cuerpo, provocándole la muerte al instante.

La muchedumbre corría sin rumbo alguno, intentado escapar de la bestia que les perseguía, la gente corría como pollos sin cabeza, en círculos, sin control, corrían gritando, chocándose unos contra otros, corrían para escapar de los ataque mortales, que propinaba el monstruo que les estaba atacando.
Un hombre con una escopeta de caza, le disparó un tiro en la cabeza, arrancándole a la mujer del diablo casi toda la cabellera. La melena que llevaba la mujer grande en la cabeza, parecían pelusas tiradas en el suelo. La mujer con la cabeza medio pelada por el disparo, se dirigió hacia el hombre, le cogió la escopeta y se la anudó al cuello, como si la escopeta fuera una corbata.

Más personas se unieron en el fusilamiento de la carnicera, hasta diez pude contar, de distinta edades, cada uno armado con una escopeta, apuntándole a la cabeza y el corazón, a la señal de uno de ellos abrieron fuego, y la dama de los infiernos gritando cayó al suelo, mientras los disparos desmembraban su cuerpo. Una vez en el suelo, la loca medio calva, parecía volatilizarse como gas de una botella, cuando su corazón endemoniado dejóo de latir.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:52 pm

Desde que soy pequeña siempre me han molestado las brujas y seres extraños, pero esa es otra historia! ahora desde que me mudé con Luis, mi esposo, a nuestro nuevo hogar nada nos deja estar tranquilos.
Hace un mes empezamos a oír ruidos como de gente caminando en la madrugada por el techo de nuestra casa y cuando encendemos la luz cesan los ruidos en el techo.
El sábado pasado regresamos de una fiesta, en la cual Luis se pasó de tragos así que se imaginarán el estado en el cual el se encontraba.
Llegamos a la casa a las 2:30 de la madrugada, así que nos acostamos a dormir.
Como a las 3, escuché como la puerta de la cocina se abría, y escuché ruidos en la casa y como que movían una de las sillas del comedor y como que se sentaban. Me levanté de la cama y me dirigí al comedor, como estaba claro decidí no encender la luz.
Al llegar al comedor, observé una pequeña figura sentada, era como un niño con cabello largo, pegó una risa macabra! de donde pude tomé fuerzas y le grité: "lárgate de mi casa criatura del infierno", salió corriendo y salió por la cocina. Luis se levantó al escuchar mi grito y lo persiguió afuera, pero al salir no había nadie, sólo las casas vecinas, ya que vivimos en barriada.
Hoy estamos a lunes y sigo escuchando los ruidos arriba de nuestro techo, pero ahora acompañados de aquella risa.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:52 pm

Esto sucedió hace ya tiempo, cuando yo era pequeña, durante las vacaciones nos fuimos a quedar a casa de mi bisabuela que falleció tiempo atrás antes de que yo naciera y que ahora su casa sirve como lugar para quedarnos cada semana santa o vacaciones de verano. Recuerdo que una noche como normalemnte suele suceder se fue la luz en todas las calles del pueblo, como era verano hacia mucho calor así que la gente aprovechaba para salir afuera, sentarse en una silla o mecedora y platicar entre ellos mientras esperaban que volviera la luz, algunos niños se ponian a corretearse en las calles obscuras y otros jugaban si alejarse de sus padres; en ese entonces yo era muy pequeña así que preferí no salir y quedarme dentro con mi abuelo al que le pedí, por temor a que algo pareciera en la obscuridad, que me encendiera una vela.
La colocó en la ventana que daba al pasillo del cuarto contiguo al patio para que iluminara y de esa forma me diera cuenta que no habia nadie o nada ahí. Absorta en la luz que temblaba ante mis ojos empecé a sentir sueño, mi abuelo me recostó en la amplia cama en la que dormian el y la abuela y me cubrió con una sabana, se recostó a un lado mio mientras esperaba a que yo durmiera cuando afuera una de mis tias lo llamó. Le rogué que no se fuera porque tenia miedo de que me dejara sola.
No te va a pasar nada, lo mismo que hay en la noche existe en el día.
Dijo tratando de tranquilizarme y salió.
Durante horas me quedé observando el techo, mirando el foco y rezando en silencio que la luz volviera. Entonces sentí un fuerte escalofrio y la presencia de alguien a un lado mio en la ventana, me volví hacia ese lado aun recostada en la cama y con los ojos cerrados, esperando para no ver nada. Lentamente los fui abriendo, primero los ojos se fueron adaptando a la luz de la vela, y poco a poco, pude ver en la habitacion contigua una figura, llevaba un camisón largo y amarillento, como esas ropas antiguas que solian usar hace tiempo, los olanes comenzaban en los puños y despues se extendian a lo largo en el pecho, mis ojos seguian desde abajo atenta a la figura y entonces comenzé a llorar en voz baja, los olanes terminaban en el cuello... y el cuello terminaba hasta ahí, en un pedazo de carne obscura como si le hubieran arrancado la cabeza.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:53 pm

Abres la puerta sabiendo lo que te espera y su mirada muerta y blanca se te clava en tu mente. Su pelo rizado color rojo chillido y sus coloretes anaranjados, parecen sacados de una pelicula de terror. Su expresividad burlona parece mofarse de todo aquel que se encuentre a su lado, y eso hace despertar en mi un odio y un temor enorme hacia ese ser, en aparencia infantil con la misión de alegrar y hacer sacar un sonrisa, pero en realidad un ser que solo consigue sacar el miedo y la intranquilidad.
Noches en vela he pasado, intentando llegar a alcanzar una mirada directa a los ojos de ese muñeco...pero ha sido imposible. Ni siquiera la seguridad al arroparme hasta la cabeza que tenia de pequeño ha conseguido dejarme dormir. Uno, solo piensa en ese muñeco:
¿Qué hace? ¿Sigue quieto? !Que no se mueva, por favor!...todo menos dormir.
Hasta tal punto puede llegar el miedo que a veces se traspasa la linea de la locura. Tu obsesión hacia él, puede llegar ha hacerte pensar cosas en las que nunca podias imaginar, cosas malas, cosas para hacerle que planeas incluso horas antes de encontrarte con él de nuevo sentado en la estanteria observándolo todo.
Pero llega un dia, en que abres la puerta y su mirada muerta y blanca no te asusta. Creces, y algo que nunca habias podido hacer como tocar a ese muñeco abandonado lo consigues. Y con mucha fuerza, porque no es fácil superar un miedo, lo agarras de esa cabellera de serpientes y sin remordimiento lo sacas de tu cuarto, dejando asi, después de tanto tiempo, esa estanteria sin nadie vigilando.
Tardas en poder volver a dormir, pero el tiempo todo lo cura y lo consigues.
En conclusión, es tanta la implicación que ese diablo ha tenido en mi vida, que ahora no puedo ni ver a la gente disfrazada, ni una pelicula, ni nada de ese ser terrorífico al que llaman payaso.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:53 pm

Una sombra débil se reflejaba sobre la vitrina del comedor. No hacía falta ser muy listo para ver que era un comedor atípico. Sus cajoneras y estantes metálicos estaban herrumbados y corroidos por el paso del tiempo, o tal vez por su excesivo uso. Pero centremonos en la sombra...aquella maldita sombra.
Tendriamos que remontarnos 2 años para saber que pasó en aquel comedor, extraño sin duda y algo oscuro. Alli vivió un hombre, precario, timido, sin amigos, y con una obsesión, su muerte. Tendria unos 35 años, no recuerdo bien, pero de lo que si que me acuerdo es de su silla de ruedas, vieja y oxidada.
Aquel extraño hombre no podia andar, debido a un accidente de tráfico que le costó la pierna, un hierro le atravesó el muslo que no tardó en gangrenarse.
Se pasaba las horas delante de su vitrina de cristal, mirandola y observandola, como si de ella fuera a salir algún movimiento, pero nunca paso nada.
Un día su obsesión llego a un extremo y tomando uno de los trozos de cristal de la vitrina que tanto admiraba se degolló.
Ahora 2 años después, su cuerpo sigue tendido sobre su silla, observando aquella vitrina y produciendo una sombra, pequeña, pero maldita sombra.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:56 pm

Qué miedo da entrar a descubrir la delgada misteriosidad de las velas. Cuando cubren la estancia, es como si algo las alentara. Todo lleno de velas. Y mi cita en el aire.
¿Quién será?
Es hermosa. De eso no me cabe duda. La he visto y su perfume, me ha llenado de embriaguez. De una sensación embriagadora, hasta donde el hombre puede alcanzar.
Más, había algo oscuro en su estructura. En su estacionamiento aéreo, hasta que, jugando con mis orificios nasales, se introducía en mi cuerpo, camino de mi corazón...
No sé...
Quizás, fue producto de la tentación. Pero es una tentación, que no es oscura. El amor es el amor. Y nos llena de luz.
En un suspiro vendrá aquí. Ojalá pudiera haber encontrado un candil, o algo parecido. Pero, no ha podido ser. Todo lleno de velas. No me siento cómodo.
De pronto...
No. No es ella.
Son sonidos de las oquedades del lugar: Una cueva. Sí. Una cueva semisubterranea. Y esos ecos que distorsionan con su continuo disturbar, los sonidos que el silencio crea.
Ella está al llegar. Debe de ser una persona maravillosa. Solo he podido hablar un momento, con ella. Lo bastante, para que, sorpresivamente, ella me cite. Quiere verme a solas. Que es como los amores se regalan, con la dulzura necesaria proveída por la intimidad.
Sí. Ahí sí, que podré tenerla en mis brazos.
Entonces, oigo un sonido. Es inconfundible. Tela de raso, rozando contra paredes de piedra. De la tela de raso de su vestido. Una luz se empieza a dejar ver, por la entrada a este habitáculo de la cueva, en el que me hallo.
Ya está ahí. Ya llega.
Entonces, lo que veo me llena de horror, aunque de alguna manera, también me maravilla:
No lleva vela. Ni candil.
Es su propia luz, la que ilumina su llegada.
Ella me mira. Y una voz suena. Una voz, casi infantil. En un canto, escalofriante, que me llena de hielo las venas.
“En la cueva entrarás, pero nunca de ahí escaparás...”
Una y otra vez, la vocecita infantil repite la cancioncilla.
De pronto, con una inocencia, infantil, cesa el canto, deshojando una risita juguetona, que se queda en el aire...
Ella se me acerca, mientras pone un dedo en sus labios, y me dice:
¡Ssscchhh! No tengas miedo. Quiero expresarte mis sentimientos, hacia ti. Tu corazón, está en mi poder. Para siempre.
Sus labios se pegan a los míos. La heladez de su beso me traspasa de parte a parte, como una invisible lanza. Su abrazo me hiere de frío, mientras me envuelve, como una fría ventisca de invierno. Sus manos viajan por mi cuerpo, hasta que no queda un rincón que recorrer.
Entonces, ella retira sus labios de los míos y me mira, con su gélida mirada, diciéndome:
Sí. Estoy muerta. Soy un fantasma. Pero, ¿qué importa? Ven conmigo al mundo de los muertos. Donde todo es eterno.

Es aciago el mundo sin amor. Es locura y desenfreno, de lo que se alimentan los sentimientos. Es descaro e insania. Solo por los amantes, justificada y aprobada.
Es un momento y ya está. Un momento, que provoca eternidad. Un momento, donde nada importa... Ni siquiera una daga...
Nada excepto... el corazón...
Aunque... esté helado...
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 4:58 pm

Los botones que posee por ojos escudriñan la oscura habitación. Uno es de color verde y el otro negro, con este último ve algo peor. En su mente aún están frescos los recuerdos de aquella tarde lluviosa en la que se quedó tuerto y ella con sumo cuidado le devolvió la vista en su ojo derecho cosiéndole un precioso botón verde nacarado.
Ella lo es todo para él, no existe sitio en su interior para nadie más desde el día en el que salió de aquel sucio almacén y se convirtió en el regalo perfecto de una delicada niña que saltaba de alegría con él entre los brazos, desde aquel día han pasado más de veinte años.
Besos, abrazos, carantoñas y cientos de miles de hermosas frases han acariciado el corazón de este viejo oso de peluche. Ha sido testigo de los días malos de ella, ha sido hombro en el que apoyarse, guardián de secretos que jamás contara, confesor de pecados que no desvelará e incluso aun hoy se encuentran en su interior varias lagrimas que ella dejó impregnadas en su pequeño cuerpo de peluche.
Cuando ella tenía pesadillas y le abrazaba fuertemente él se ocupaba de hacerlas desaparecer y cuando tenía bellos sueños intentaba que estos durasen lo máximo posible.
El oso gira la cabeza para mirar el reloj y un trozo de hilo se parte y se desprende de su cuello. Ella llegará enseguida y él estará en la oscuridad esperándola como siempre.
Cuando se acueste y le abrace para tener lindos sueños ya se encargará de que tenga la peor pesadilla de toda su vida, no será difícil, conoce de sobra todos sus temores y sus miedos. Cuando llegue la noche se cobrará su venganza y disfrutará con ello.
¿Qué, por qué lo va hacer?. No me lo ha querido decir. Solo soy una pequeña figura de escayola que ella pintó en el instituto y que ha perdido buena parte de la pintura con el paso del tiempo aunque creo, que es porque ella tiene novio de nuevo.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 5:07 pm

Mi nombre era Luzbel, pero hace mucho tiempo que nadie me llama así; Ahora me conocen por otros nombres, seudónimos que siempre se asocian al mal y que paralizan la sangre con solo ser escuchados.

Y eso la convierte en mi favorita, pues para ella solo soy el ángel caído. Es la joven más dulce que pudiese existir. Le conozco desde pequeña, le he visto crecer y convertirse en la mujer que es hoy. Aunque también la he visto caer. Como yo también fue expulsada de su cielo: de una sociedad a la que desea pertenecer y le rechaza. Ni siquiera lo imagina pero tenemos más cosas en común de lo que se piensa. Eva, ese es su nombre…

Eva era apenas una chiquilla la primera vez que vino a verme. Su padre le llevaba de la mano. Vi su carita cuando la levantó para mirar lo que su padre señalaba en las alturas; entonces descubrí como el asombro llenaba sus ojos al descubrirme (con una rapidez asombrosa para una niña tan pequeña). Soltó la mano de su padre y corrió hacia mi jardín. No logró saltar la baranda a tiempo y su padre le sostuvo de nuevo. Aquella tarde Eva se alejó llorando, pero cada pocos pasos se volvía y me miraba entre lágrimas. Y desde aquella tarde, Eva no faltó ni un día a su cita conmigo.

A veces jugaba con su pelota cerca de mí y la tiraba hacia mi jardín, colándose a recogerla sólo como excusa para poder tocar la columna sobre la que yo estaba. Otras veces, se sentaba muy formal al lado de su padre, dando de comer a las palomas mientras mantenía largas conversaciones mentales conmigo. Que yo no le contestara no la desanimaba y seguía contándome sus pequeños secretos. Lentamente iba creciendo: sus gustos y sus actitudes cambiaban. Ya no saltaba al jardín, se limitaba a permanecer sentada en un banco leyendo o estudiando. Pero seguía hablando conmigo, contándome sus secretos que, por supuesto también iban creciendo…
Hoy también ha venido. Últimamente actúa de forma extraña. Ronda por el parque todo el día, como si buscase algo. Cuando se sienta a mi lado parece nerviosa y desasosegada.

Al medio día se ha parado junto a mí, pero enseguida ha desaparecido metiéndose entre unos arbustos cercanos. He visto alguna vez a los niños jugando al escondite en ese lugar. Les he oído pensar en el hueco que se esconde bajo sus ramas y que los oculta del mundo. Ahora la siento allí acurrucada. Oigo su respiración calmada. Creo que se ha dormido, aunque no logro adivinar porque se ha escondido ahí para dormir. Ojala pudiera preguntárselo algún día…

La noche ha caído. Oigo a los guardias del parque acercándose mientras hacen la última ronda de la jornada. Puedo sentir a Eva, despierta y alerta bajo los arbustos. Siento como se tensa cuando escucha hablar a los guardias: su corazón se acelera y su respiración se detiene durante un par de segundos. Tal vez este asustada ante la posibilidad de ser descubierta. Desde hace años los guardias recorren el parque al comenzar la noche y luego no viene nadie más hasta el amanecer. Es probable que Eva haya dormido demasiado y al darse cuenta de que venían los vigilantes ha visto como sus esperanzas de salir a tiempo se han esfumado.

Las voces se alejan y Eva sale a gatas de su escondite. Empuja un bulto negro delante de ella. Se dirige a su banco, con el paso un poco vacilante por las horas de inactividad. Allí abre el bulto y empieza a sacar cosas y a disponerlas encima de la piedra. Por primera vez no me habla con la mente, sino con un susurro dulce. Por un momento pienso que si ella está allí la noche será mágica y todo puede pasar. Luego el momento se va y me concentro en escuchar lo que Eva me cuenta.

Ni un solo instante a dejado de hablar de los recuerdos que comparte conmigo y de las ganas que tenía de poder pasar una noche a mi lado. Me deslumbra al quedarse desnuda completamente. Saca del bulto unas medias negras y unas bragas de encaje rojo. Se las pone con cuidado mientras sigue hablando sin parar. Coge un carmesí vestido de noche. Lo sacude un poco para estirar las arrugas y se viste. Por último, se calza unos zapatos de charol carmín con tacón de aguja. Dobla las ropas que se había quitado y las guarda en el bulto negro que ahora identifico con una mochila, saca de ella una bolsa térmica que contiene una botella. Es cava según me informa ella misma. Pone la mochila debajo del banco y descorcha el botellón y lo levanta hacia la oscura noche. Escucho su voz dulce susurrando de nuevo: está brindando por mí y por nuestras primeras noches juntos y bebe un largo trago. Después se levanta, tambaleándose un poco por los tacones, y da una vuelta completa sobre sí misma enseñándome su vestido y preguntándome si me gusta y que se lo ha puesto para mí. Esta noche la he visto más hermosa que nunca. Vestida así está bellísima, pero aún lo estaba más en su inesperada desnudez.

Vuelve a sentarse y sigue bebiendo de la botella a sorbos. Por fin me está contando todo lo que le preocupaba desde hacía meses y que no había sido capaz de decirme. Se quedó sin trabajo, perdió su casa, la abandonaron sus amigos… Llevaba un par de meses viviendo en la calle. Por eso la veía más tiempo durante el día. Por eso aquella noche había decidido por fin dormir a mi lado. Eva inclina su cabeza hacia atrás y pronuncia la frase que desata el todo: ¡Ojala pudieras bajar aquí!
Segundos más tarde, me encuentro sentado a su lado, en el banco de piedra. Temo asustarla, por eso llevo mi mano muy despacio hasta su cintura. Ella se estremece un poco pero no es miedo lo que percibo en su mente: el frío que siente cuando la toco es el culpable. Aunque cada vez parezco más humano y menos estatua, aún no he perdido del todo el frío del bronce del que estoy hecho. Ha hecho que me sienta más vivo que nunca. Por un lado deseo que se vuelva y me mire, pero por otro me da miedo lo que pueda encontrar en sus ojos cuando se crucen con los míos. Finalmente me armo de valor y susurro su nombre:
Eva…

Mi ángel caído – susurra ella sin volverse.

Por favor, Eva, mírame – acaricio su pelo mientras hablo, aunque sé que no necesita que la tranquilice. Vuelvo a ser de carne y hueso, mi mente sigue conectada a la suya.

¿Estás aquí de verdad? ¿No eres un sueño ni una alucinación? – no se atreve a volverse por miedo a que yo desaparezca.

Compruébalo tú misma. En serio, estoy aquí. Me has llamado y he venido. Me has despertado y te pertenezco durante toda esta noche.

Bueno, eso es un cambio porque he sido yo la que siempre te he pertenecido a ti.

¿Por eso tienes miedo de mirarme?

¿Miedo de ti? ¿Cómo se puede temer a aquello que se ama?


Eva se vuelve hacia mi. Sus ojos se quedan atrapados en los míos. Sus labios se encuentran apenas a unos milímetros de los míos. El deseo me resulta insoportable y cruzo la línea: borro la distancia que nos separa y beso sus labios. Ella corresponde con un deseo aún mayor que el mío. La abrazo con fuerza, se refugia contra mi pecho, cruzando sus piernas sobre las mías como si eso pudiera acercarnos aún más. Somos incapaces de separar nuestros labios, así que seguimos besándonos durante unos minutos. Cuando por fin logro separar mi boca de la suya lo hago sólo para que mis besos bajen por su cuello. Recorro despacio sus hombros y su escote. Me detengo en el nacimiento de sus pechos sólo porque allí noto más fuerte el latido de su corazón. Ella se acerca a mi oído y susurra dos palabras que avivan el fuego de mi interior: “Hazme tuya”. La beso de nuevo, con más fuerza que antes. Ya no tengo miedo de herirla, ya no queda en mí nada de la estatua que era. Paso uno de mis brazos por debajo de sus rodillas y aseguro el otro tras de su espalda. Ella se agarra a mi cuello, enredando sus dedos en mis cabellos. Me levanto con Eva entre mis brazos y me dirijo al jardín más cercano. Con mucho cuidado la deposito en la hierba y me tiendo a su lado.

Los besos de Eva se hacen cada vez más urgentes así que bajo mis manos hasta sus piernas y subo acariciando su piel por debajo del vestido. La despojo de sus ropas despacio a pesar de que el deseo de ver de nuevo su desnudez me consume por dentro. Sólo me doy cuenta de que yo ya estoy desnudo cuando siento el calor de la piel de Eva contra mi vientre y sus uñas clavándose en mi espalda. Por primera vez en muchos siglos siento el dolor recorriendo mi cuerpo: el dolor de sentir mi piel rasgada y el sufrimiento de separar mis labios de los de Eva. Pero no puedo mantenerme lejos de su cuerpo durante mucho tiempo. Vuelvo a recorrerlo con los labios y con las manos. Tomo posesión de cada centímetro de su piel tal y como ella me ha pedido. Siento sus gemidos en cada poro de mi piel acrecentando aún más mi deseo. Llego a sus piernas y hundo mi cabeza entre ellas. Eva suspira en el momento en que mi lengua encuentra su sexo y empiezo a lamerlo despacio. La siento estremecerse entre mis manos. Por enésima vez esa noche no puedo esperar para unirme a ella, pero esta vez no me resisto. Vuelvo a buscar su boca con la mía mientras dejo que sus piernas se abracen a mi cintura. La penetro con fuerza y ella jadea con sus labios contra los míos. Eva ayuda con sus piernas a que cada vez me hunda más en su interior.

Siento como se agita un poco debajo de mi cuerpo y un segundo después me encuentro con la espalda pegada al suelo y con Eva cabalgando sobre mí. Ahora es ella la que marca el ritmo. Lo mantiene tan lento que creo que me voy a volver loco. Cambia a cada instante sus caricias, pero siempre un poco más rápido. Por un momento la veo resplandecer y sé que el mundo no existe ya para ella. Puedo sentir en su mente como el placer recorre su cuerpo. Eso desata mi propio placer y siento de primera mano lo que un segundo antes sentía a través de Eva. Nuestras manos se encuentran en ese mundo paralelo donde no hay nada más que nosotros dos y nuestros sentimientos.

Y ahora ¿qué va a pasar? ¿Volverás a tu columna? – pregunta Eva susurrando en mi oído.
Debo hacerlo. ¿Te gustaría quedarte conmigo?
¿Puedo?
Sólo si lo deseas realmente Eva me mira a los ojos… sé su respuesta.

La mañana está avanzada. Vuelvo a estar en mi columna. A mis pies, una cinta amarilla rodea la barandilla. Dos policías buscan entre las flores. Dos enfermeros esperan junto a una ambulancia a que les den la orden de levantar el cadáver. Otros dos hombres examinan el cuerpo sin vida de la mujer que yace en el jardín. Su vestido de noche rojo y sus zapatos de tacón les han despistado al principio aunque pronto han encontrado la mochila bajo el banco y la botella vacía. Si supieran la causa de su muerte se sorprenderían aún más, pero no encontrarán nada. Eva, o mejor dicho, el espíritu de Eva, está sentada a mi lado mirando hacia abajo. Su mano suave acaricia la mía.

¿De verdad me quedaré siempre contigo?

Sólo hasta que tú quieras.

Entonces será para siempre. reflexiona durante unos segundos y luego vuelve a hablarme ¿Dejarás de…? ¿Volverás a…? Le cuesta encontrar las palabras, pero sé lo que quiere preguntarme.

Sí, mientras sigas deseándolo, cada noche volveré a ti...
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 5:10 pm

Cogió sus manos. Delicadas, tibias... tan frustrantes. "No lo hagas" le pidió con voz quebrada "No lo hagas por favor..." pero no pasó lo que él esperaba. Ella soltó su mano y lo miró a los ojos, él se dio cuenta de aquel par de brillantes luces marrones, ojos marrones... tan mentirosos. "Es tarde" dijo ella. Con una sonrisa fingida cogió el bolso... se fue caminando. Y ahí quedo el. Solo, frustrado. Le había dado todo lo que ella le había pedido. Regalos, tiempo... su vida. Entonces lo invadió la cólera. La tristeza, el inmenso odio. Odio hacia aquella delicada figura femenina, odio hacia esos ojos marrones, odio a esa boca rosada que le dijo "Te amo" una noche. Odiaba esos brazos que antes se aferraban a él. Y esperó.

Esa misma noche se puso una capucha. Corrió por las calles como una sombra enfurecida. Vio las luces de su habitación prendidas. Esperó al momento de atacar. Mientras sentía el frío de aquella noche, los ojos se le humedecieron un poco. "Yo te amaba" se dijo, destrozado "Te di todo ¿Porque me traicionaste?" se lamentaba, lleno de odio. Las luces se apagaron. Y ahí estaba. La vio salir de su puerta con el cabello suelto. Se iba a ver a la persona que lo había reemplazado. La maldijo, aún con los ojos humedecidos. La siguió sin que ella se diera cuenta. Podía sentir su caro perfume en el ambiente de aquella noche, sentía el taconear de sus zapatos, sentía... su respiración.

Se acercó a un callejón. El sabía que había llegado el momento. Salió de las sombras como un infernal monstruo. La mató. Si... claro que la mató. Y mientras la golpeaba sentía las lágrimas correr por sus mejillas. Sentía el odio salir por los poros. Sentía como su dignidad se rebajaba hasta los infiernos. Vio el cuerpo inerte de su antes amada. Sus ojos marrones congelados en una expresión de culpabilidad y miedo. Se sentó al lado del cadáver, se apoyó en la pared. "Yo te amaba" se dijo mientras seguía llorando amargamente "Me lastimaste...y tu turno ya pasó" pensaba en silencio. Se levantó y dejó el cadáver tirado en el suelo, como un papel, como una bolsa cualquiera. Le mandó una última lastimera mirada... y se fue, contando mentalmente, lo que faltaba para el amanecer.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 5:12 pm

Si colocas el cuchillo sobre la garganta y presionas notarás como los nervios conectados a la piel se ponen alerta, advirtiendo que algo pasa. El estímulo se define como una sensación de terror seguido por un impulso nervioso que vuelve del cerebro con la señal del dolor. La piel es lo primero que cede, luego la carne roja se separa, con la suma facilidad que le permite la afilada hoja del cuchillo.
Pronto las delgadas venas y arterias que se encuentran próxima a la piel, dejan fluir la sangre por el cuello, manchando la camisa, la chaqueta... Las manos que incapaces de hacer otra cosa acuden a taponar la herida que a medida que la hoja afilada profundiza en la carne. El borboteo de la sangre espesa, caliente, negra como la muerte resbala por su pecho.
El frio acero se abre camino, corta la yugular, separa la tráquea, deja al descubierto el aire caliente que sube de los pulmones, que forman burbujas sobre el fluir constante de la sangre, hasta que por fin el dolor desaparece.
Los órganos se resienten de la perdida del fluido vital. Los músculos de las piernas ceden y el hombre cae al suelo.
La mente pierde la consciencia y como en un sueño sin despertar el cuerpo muere.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 5:14 pm

Al parecer todo había sido mi culpa pues fue mi idea abrir ese famoso café Internet en la zona satélite en la zona baja de Potosí (Bolivia), tenia que llegar el día en que uno de mis caprichos se vería frustrado y mal visto por muchos. “Dios por que tenia que suceder en mi café Internet”.
Me llamo Jorge era el año 2005 y tenia 17 años ese año en mi familia surgió la idea de poner un negocio en casa, como era obvio yo opté por mis intereses, por la tecnología yo deseaba un café Internet, me costó mucho convencerlos pero ya me ven aquí estoy narrándoles esto.
El Café Internet ya se encontraba trabajando y pues funcionaba tal y como lo había deseado además aprovechaba para jugar con mis amigos, generalmente yo atendía por las noches y lo hacia hasta tarde algunas veces hasta 1:30 am. o a veces mas.
Un dia jueves me quedé a descargar música y a chatear con algunos amigos ya eran las 1:30 am. y no había cerrado el café aún, fue entonces que alguien entró, se trataba de una chica muy linda pero un poco morena quería decirle que ya cerraría, pero algo me detuvo y no se lo dije.
Ella simplemente se sentó en la maquina 9 y utilizó la computadora sin decir nada igual que muchos otros clientes, sentía ganas de ir al baño y como vi que ella estaba muy en lo suyo no me preocupé y fui, al volver del baño como era lógico ella ya no estaba habrían pasado a lo mucho 5 minutos. Me preocupaba si se había robado algo pero se robó mi atención.
Pasaron los días como si nada hasta que fue Jueves otra vez, la verdad yo deseaba que ella volviera a presentarse y así fue se ella se presentó a las 1:30 con las misma ropa como en la primera vez un pantalón jean y una chaqueta oscura, quería hacer charla con ella y me acordé que el anterior jueves ella se había ido sin pagar y pensaba en utilizarlo como entrada y entonces le dije: “Espero que esta noche no me deje solito, no se preocupe por el dinero de la anterior semana pero espero que siquiera me diga su nombre”..., me sentí tan tonto al no escuchar ninguna respuesta tuvieron que pasar largos segundos para que dijera: “Soy Adriana solo necesito 5 minutos del Internet, lo siento pero no puedo pagarle hoy se lo pagaré pronto lo juro y por favor le agradeceré que me deje sola para poder llegar a casa rápido”.
Me quedé callado para pensar que hacer pero simplemente me fui a mi computadora y al poco rato ella se fue. Esa noche me sentía intrigado por que no sabia como acercarme a ella pues sentía cierta atracción.
Los días pasaban y el café Internet tenia mas clientes incluso había personas que colocaban en nuestra puerta avisos de todo tipo desde avisos comerciales hasta avisos de extravíos. Bueno otra vez llegó el jueves como si nada y como era de esperar ella se presentó pero esta vez solo permanecí callado, esta vez esperé a que ella se fuera salí tras de ella para ver por donde se iría, ella caminaba calle arriba muy rápidamente podría decirse que hasta corría, era algo muy raro pues se alejaba muy rápidamente. Decidí volver dentro pero antes de entrar noté que la puerta tenia mas avisos, un pequeño escalofrío hizo que dirigiera mi vista a un aviso: entonces la vi, era ella, Adriana, me quedé sorprendido pero mas me impactó el contenido del aviso.
Según el aviso Adriana había desaparecido hace mas de 2 meses, por mayo. No me quedaba duda de que era ella, me sentía culpable por haber recibido a una extraña cada jueves solo podía hacer lo mas lógico llamar a su familia.
Pasado ese día me comuniqué con su madre para contarle todo, me sorprendió su reacción pues a pesar de todo no había perdido la esperanza de que su hija apareciera, en su llanto me dijo que ella es su única familia, finalmente acordamos que el siguiente jueves vendría a mi café para hablar con su hija, también quedamos que solo nosotros dos solucionaríamos esto.
Llegó el día jueves y su madre esperaba paciente pero no había rastro de ella, pasaron las horas y Adriana no aparecía de alguna forma, pensé que ella se dio cuenta de todo y quería evitar a su madre. Ya eran las 3:00 am. Y la madre decidió irse y se fue tratándome de mentiroso de un insensible, no le respondí nada pues hasta pensé que yo estaba loco y que lo había soñado, cuando decidí cerrar el café Internet apareció ella, simplemente ocupó su máquina 9, como siempre y como siempre lo hizo en completo silencio, permanecí callado al pasar unos cuantos minutos le dije: “La policía te busca, tu madre también por que no regresas a casa” – pero no me respondió absolutamente nada, fue entonces que le dije que esta vez no la dejaría ir y entonces ella se puso de pie y se dirigía a la puerta pero me atreví a tomarla del brazo, mala idea.
Oh Dios lo que sentí ese momento, el frio mas puro y congelado desgarró mi cuerpo, sentí que mi brazo se había desprendido de mi cuerpo, todo indicaba que ni siquiera la toqué. Entonces cai en el piso y me quedé allí para poder recuperar la sensibilidad.
Al día siguiente fui con su madre le expliqué todo, pero no me creyó ni una palabra, ella solo quería que la dejara en paz, entonces le rogué que por lo menos me dijera que pasó el día en que desapareció y ella respondió: “fue a mandar un correo por Internet a su enamorado que estaba fuera de la ciudad” y en un segundo mi cabeza se llenó de de ideas pero no sacaba una conclusión lógica para que ella estuviera desaparecida, pero no de Café Internet…… Dios por que tuvo que ser mi café Internet.
Ese día mientras almorzaba no podía dejar de pensar en Adriana y sin darme cuenta la respuesta a mi intriga se desarrollaba en la televisión.
“Hace algunos horas en la zona baja de la zona Satélite se hizo el levantamiento de un cuerpo se trataría de la señorita Adriana Quintana López quién habría sido declarada desaparecida hace un par de meses, al parecer todo indica que la chica se habría suicidado tirándose del puente que se encuentra en esa zona, en su vestimenta se encontró una carta dirigida a su madre la cual ya esta en manos de ella”.
El sudor se apoderó de mi cuerpo como nunca, no lo podía creer que era aquello que venia a mi café cada jueves. Ese día cerré temprano aunque fuera viernes pero sentía miedo por que tarde o temprano llegaría jueves.
Llegó el día y cerré aún mas temprano y me fui a mi habitación para dormir, pero no podía conciliar el sueño, el silencio se apoderó de mi habitación que incluso podía oír los latidos de mi corazón, pero pronto se presento otro sonido, provenía de mi café Internet todo indicaba que alguien trataba de entrar al salón el sonido despertó a mi familia y junto conmigo fuimos a ver que pasaba, al llegar al salón del café como era lógico no había nadie, pero fue una frase de mi padre que me dejo paralizado “La máquina 9 sigue encendida alguien apáguenla de una vez y vayámonos a dormir”, era cierto la máquina estaba encendida y en la mesita de esta había unas cuantas monedas, sentía que un trozo de hielo pasaba por mi espalda, era el terror mas puro en mi cuerpo.
Al día siguiente me enteré que el cuerpo de Adriana permanecía aún en la morgue por el motivo de su autopsia y que ese mismo día o sea viernes se procedería a su entierro. Llegó el día jueves y de alguna manera sabia que nada pasaría de alguna forma su misa o su entierro apaciguó su alma, al menos eso creo pues desde entonces no hay mas presencia que de los vivos en mi café Internet.
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asd Re: relatos escalosfriantes

Mensaje por princesa_love_kaname el Dom Jul 29, 2012 5:14 pm

Son las 3 de la mañana... No consigo conciliar el sueño.
No sé que me pasa desde esta tarde, la cabeza no para de darme vueltas, y de vez en cuando todo se vuelve oscuro, mi corazón se acelera estrepitosamente y no puedo dejar de temblar.
Me preguntó por qué precisamente hoy me han dejado sola en casa, hoy que hace 1 año exactamente desde la muerte de mi prima Vero, que vivía en casa con nosotros porque tuvimos que llevar a mi tía a un psiquiátrico después de la muerte de su marido.
Yo quería mucho a mi prima, era la hermana pequeña que nunca tuve, y lo que sucedió me impactó mucho, tal vez demasiado. Era la primera vez que veía la muerte tan de cerca...
¡Ah! ¿Qué habrá sido ese ruido? He oído como si dieran un golpe en la pared, pero seguro que es mi imaginación... Por mucho que pasen los años, no me gusta quedarme sola en casa por la noche, pero... ¿otro ruido? Creo que esto no es mi imaginación, pero seguro que son los vecinos, que parece que no duerman nunca.
...
He conseguido dormir un poco, sin embargo son las 5 de la mañana todavía, y veo una extraña luz que asoma por la puerta de mi habitación... ¿mis padres habrán llegado? Es la única explicación que se me ocurre. Sí, eso debe ser, voy a llamar a mi madre y preguntarle cómo es que han venido hoy si volvían mañana, tal vez haya ocurrido algo.

¿Mamá, estáis aquí? ¿Qué ha sucedido? LLamó desde mi habitación, sin levantarme de la cama. Sin embargo no hayo respuesta alguna.
¿Mamá, me oyes? ¿Qué pasa? De nuevo, el más absoluto silencio.

Esto es demasiado extraño, no es normal que no me responda. Será mejor que me levante a ver que pasa, aunque sinceramente estoy un poco asustada... Me levanto de la cama, salgo de la habitación al pasillo y... Mi aliento se para en ese momento al contemplar la escena macabra...
...
Acabo de despertarme, estoy tirada en el pasillo, parece que me había desmayado. Veo el rostro preocupado de mi madre. Yo estoy temblando, no puedo quitarme de la cabeza lo que he visto, es imposible... ¿no me estaré volviendo loca? Comienzo a llorar y mi madre no hace más que preguntarme que ha sucedido, así que entre sollozos logro contárselo:

Anoche no podía dormir, y ví una luz en el pasillo. Me levanté a ver que era... y ví a mi prima Vero... y estaba clavándole un cuchillo a mi tía, mientras esta lloraba y se desangraba en el suelo...
Cielo, has tenido una pesadilla, tu prima murió y tu tía está en un psiquiátrico, lo que cuentas es absurdo. Además, tú ves alguna mancha en el pasillo...

El teléfono suena, y lo coge mi madre. Se está poniendo blanca por momentos... Cuelga el teléfono y me dice:

Tu tía falleció anoche alrededor de las 5 de la mañana. Tenía un cuchillo en la habitación y nadie se dió cuenta. Se lo clavó por el pecho y la tripa hasta morir desangrada. La han encontrado esta mañana, nadie se dió cuenta...

No sé si mi prima, o su espíritu, más bien, me avisó de lo ocurrido... O fue ella la que lo hizo... No sé qué pensar, pero estoy muy asustada y posiblemente esta noche no pueda conciliar el sueño.
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